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El régimen teocrático de Irán

El régimen teocrático de Irán debe ser derrotado, por ser una amenaza contra su gente, así como para otros países.

En Geopolítica existe una analogía conocida como Munich o Vietnam. El caso de Munich se refiere a apaciguar a un agresor en vez de detenerlo antes de que sus agresiones sean mayores. Vietnam, en cambio, advierte en contra de llevar a cabo operaciones militares prolongadas cuyos fines son ambiguos y, por lo tanto, las posibilidades de victoria son mínimas. El caso de Munich se refiere específicamente a la conferencia llevada en la ciudad del mismo nombre, donde la política de apaciguamiento del entonces primer ministro británico, Neville Chamberlain, prácticamente le dio luz verde a la expansión territorial de la Alemania nazi liderada por Adolfo Hitler que provocó la Segunda Guerra Mundial. Vietnam se refiere precisamente a la participación de Estados Unidos en una guerra que venía desde 1955, donde diferentes países buscaban independizarse del colonialismo francés.


En otras palabras, esta analogía indica cuándo se debe intervenir contra un agresor y cuándo es mejor no hacerlo. No es una cuestión fácil, pero existen indicadores que permiten tomar estas decisiones, especialmente cuando la amenaza se derrocha más allá de las fronteras o se convierte en la principal amenaza para la sobrevivencia de su población. Tal es el caso de la dictadura del régimen teocrático de Irán, que desde finales del año pasado ha llevado una campaña de represión sostenida contra su población, provocando decenas de miles de muertos, desaparecidos, heridos y detenidos.


En 1979 culminó la revolución islámica iraní que puso fin a la dinastía de la familia Pahlavi y la transición del Estado Imperial de Irán a la república islámica de Irán. Desde enero de 1978, cuando se empezaron a dar las primeras manifestaciones en contra de un gobierno corrupto y represivo, los opositores se constituían en tres grandes grupos: los movimientos islámicos, movimientos comunistas y socialistas así como profesionales identificados como constitucionalistas, que señalaban cómo el gobierno de Mohammed Reza Pahlavi, conocido como el Sha, violaba constantemente la Constitución. Después de que Pahlavi dejara el país, el gran líder del movimiento islámico, el ayatolá Ruhollah Khomeini, regresó de su exilio en Francia y lideró la revolución, dejando fuera a todos los otros movimientos opositores para fundar la República Islámica, en marzo de 1979.

El régimen teocrático de Irán sí logró exportar el terrorismo urbano moderno.


Desde entonces y tras una serie de episodios puntuales como la toma de la Embajada de Estados Unidos, la guerra contra Irak y la imposición de la ley islámica, la sharía, llevaron a una situación bastante compleja en el funcionamiento de dicho país que recibió sanciones internacionales de Estados Unidos y de otros países de occidente, así como un rechazo de países árabes, debido a que la corriente islámica iraní es chiita y no sunita, siendo esta última practicada por casi 90% de la población musulmana. Esta situación aisló al país, obligándolo a volverse prácticamente autosuficiente, pero manteniendo una relación comercial con algunos países en cuestiones de hidrocarburos y energéticas.


El régimen teocrático de Irán sí logró exportar el terrorismo urbano moderno a otros países, en particular contra Israel, al punto de que, junto con el financiamiento qatarí, Irán mantiene vínculos con grupos terroristas como Hezbolá, Hamás y los Hutíes en Yemen. Los bombardeos de Estados Unidos e Isael, en junio del año pasado, demostraron las limitadas capacidades de defensa iraníes y el punto más bajo de los grupos terroristas, pero, lamentablemente, solo dejaron a un régimen herido y a la defensiva que ahora busca mantenerse en el poder masacrando a su población. La analogía de Munich, más que necesaria, debe ser imperativa. ¡Feliz domingo!

ESCRITO POR:

Roberto Wagner

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UFM. Maestría en Relaciones Internacionales con especialización en Geopolítica (Warwick University, Reino Unido). Exdiplomático, profesor universitario, columnista, consultor y analista político independiente.

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