Fundamentos
Entre Escila y Caribdis
Alejarse de los riesgos de los radicalismos, daría serenidad, estabilidad y altura a una decisión clave para nuestro país.
Entre los marineros de la antigüedad se solía contar una historia, procedente de la mitología griega, que aterrorizaba a los navegantes más experimentados del mar Mediterráneo. De acuerdo con esta narración, en el estrecho de Mesina, una porción de agua muy angosta entre la isla de Sicilia y la península itálica, existían dos fenómenos que ponían en riesgo la vida de quien se atrevían a cruzarlo. En uno de los extremos del estrecho estaba una bestia mitológica, Escila, una especie de perro con múltiples cabezas, que estaba al acecho de poder devorar las embarcaciones que se acercaban a él. En el otro extremo estaba Caribdis, un remolino que tragaba a los barcos que caían en sus aspas. Así que, si alguien deseaba atravesar el estrecho, debía tener el cuidado de no acercarse a ninguna de estas dos amenazas. La leyenda explicaba que pocos lograban cruzar sin daño.
La Administración ha tenido que navegar el estrecho con un considerable costo político.
En el caso de la Administración actual en Guatemala, estamos asistiendo a un fenómeno en el que, ante diversos acontecimientos, el gobernante mismo ha tenido que navegar el estrecho con un considerable costo político. ¿Por qué sucede esto? La explicación tiene su origen en la naturaleza del proyecto político que lo llevó al poder. Con una base constituida por activistas, con fundadores provenientes de la socialdemocracia y una especie de atracción por el modelo político mexicano más reciente, la agenda inicial del gobierno planteaba compromisos con ciertos temas que pronto probaron ser una enorme contingencia. Contrastados con la realidad geopolítica del mundo, la distribución de fuerzas en el país y la dinámica de la opinión pública, con el tacto propio de un diplomático, el mandatario ha tenido que calibrar sus intervenciones. Por eso, las reconsideraciones o reformulaciones de ciertos actos de gobierno.
Varios ejemplos vienen a la mente. El caso de China, un tema muy promovido entre las audiencias de la izquierda, fue la primera prueba. Declaraciones que fueron leídas en términos de reconsiderar nuestra posición con Taiwán —que no era el caso— generaron la necesidad de ofrecer explicaciones posteriores. Quizá se aproximaron de momento muy cerca a uno de los lados del estrecho. También el caso de lo sucedido con las operaciones militares estadounidenses en Venezuela, la reacción inicial de la Administración tuvo que ser replanteada en un segundo comunicado que, en términos y conceptos, distaba muchísimo del primero. Sin duda también acá el riesgo era naufragar ante una de las fuerzas que accionan en el paso marítimo. Por último, el papel del Ejército en la seguridad interna —algo que la opinión pública demanda, pero del que la base política oficial ha renegado históricamente— ha sido otra turbulencia más en la travesía.
Algunos añadirían, con una pizca de provocación, que se vive desde el poder otra modalidad de Escila y Caribdis. Optar por el modelo del vecino inmediato del norte es un riesgo político cuando el modelo de nuestro vecino inmediato del sur es el que la población parece claramente escoger. Navegar al medio, sin ser atraído por los escollos, luce como una tarea demandante.
Sin embargo, sí que hay una decisión que podría contribuir a navegar en aguas calmas y asegurar llegar a puerto seguro. La decisión que desde el Ejecutivo se tome para designar la quinta parte del poder político de este país podría sentar un excelente precedente. Alejarse de los riesgos de los radicalismos, los Escilas y Caribdis de estos tiempos, daría serenidad, estabilidad y altura a esa decisión. Precedentes, al menos en estos dos años, ya ha habido.