Fundamentos
Epstein, los correos electrónicos y la red global
El terremoto de los correos causará alguno que otro efecto político. Pero las bases de los que dominan la cultura siguen igual.
Recientemente fueron dados a conocer miles de correos electrónicos de los archivos del millonario y pedófilo Jeffrey Epstein. Con una especie de delirio colectivo, muchos personajes de la farándula, la vida política, la realeza y el entretenimiento vieron cómo sus nombres aparecían en aquellas comunicaciones. Para ellos estas revelaciones han sido motivo de escarnio, pues aun cuando algunos ya habían anticipado excusas a la opinión pública por sus devaneos previos con este personaje, los textos revelan otra historia. Contactos muy cercanos y hasta cómplices, incluso posteriores a las investigaciones que las autoridades ya realizaban sobre Epstein.
Así parece que funcionan las élites culturales de nuestro tiempo. Muestran y ocultan a un mismo tiempo.
Estos correos permiten dar un breve, pero muy revelador vistazo sobre la red de relaciones que se tejen entre personalidades muy poderosas del mundo político y de la cultura. Muchos de los que hoy siguen siendo personas de referencia en el mundo público aparecen en estos correos, no con simple contactos casuales sino como amigos y visitantes del millonario. Por cierto, muchos de ellos se presentan como paladines de causas sociales. Así parece que funcionan las élites culturales de nuestro tiempo. Muestran y ocultan a un mismo tiempo.
El marxista italiano Gramsci aconsejaba, para efectos de su pretendida revolución, hacer un trabajo de influencia para capturar los sustratos de control en toda sociedad: la cultura, la opinión pública y la justicia. Con ellas en la mano, la revolución podía lograrse sin disparar un tiro. Viendo la catadura moral de muchos de los que hoy controlan la agenda cultural, social y política en el mundo —y que aparecen citados repetidas veces en los correos en cuestión— me explico el porqué de tantas cosas que veo en las redes sociales, en el cine, en las plataformas de televisión y hasta en los medios de comunicación.
Basta ver cómo operan, por ejemplo, los premios de las academias de música, cine, teatro y televisión. Lejos de ser eventos donde la mirada se centra en las capacidades de los artistas, el foco de atención está en los discursos políticos y los mensajes con agenda que hay detrás de las obras premiadas. Todo ello con una sospechosa uniformidad. Si a alguien le queda duda del poder de estos “influencers de élite”, basta ver cómo un actor de Hollywood, George Clooney, fue quien lideró el golpe a lo interno del Partido Demócrata para remover al candidato, nada menos que el presidente de Estados Unidos, del proceso electoral en 2023.
El terremoto de los correos causará alguna conmoción y alguno que otro efecto político. Pero las bases de esas redes que dominan el qué y el cómo en la cultura siguen igual. Quizá muchos de ellos no operen con la misma motivación que Gramsci, aunque sí con sus métodos. Quizá muchos de ellos son motivados por sus más inconfesables y oscuras conductas.
Hace casi cien años que el intelectual español Miguel de Unamuno, respondiendo a los gritos de “viva la muerte” que le dirigía un general falangista, sentenció que esa actitud proveniente de un mutilado —como en efecto era ese general— solo podía responder al gran alivio que sentiría viendo cómo se multiplicaban los mutilados a su alrededor. No creo estar lejos cuando pienso que ciertos mandarines de la cultura, los de esas redes globales que hoy se ven retratados en los archivos filtrados, sentirán igual regocijo al ver cómo sus propias conductas oscuras se ven reproducidas y multiplicadas por los consumidores incautos. Resistir a esas imposiciones culturales es entonces un deber social.