Fundamentos
Esperando a Godot
Lo que la sociedad busca es que el TSE esté dirigido por profesionales independientes, honestos y técnicamente competentes.
Una de las piezas teatrales más icónicas del siglo XX y que forma parte del género del teatro del absurdo es la muy reproducida obra Esperando a Godot, de Samuel Beckett. Siendo aún parte de la cartelera en nuestro tiempo, esta representación tiene por argumento el que dos personas se encuentran esperando a la llegada de un personaje que ellos identifican como Godot. Salvo por el nombre, realmente nunca llegamos a saber quién es, para qué lo esperan y por qué su importancia. En el mejor ejemplo del teatro del absurdo, después de dos actos y de largas conversaciones, terminan percatándose de que Godot no llegará y que quizá llegue al día siguiente. Fin de la obra.
Hace algunos días se inició el proceso de postulación para magistrados del Tribunal Supremo Electoral. La comisión ya ha iniciado, no sin sobresaltos, la labor de identificar los criterios que guiarán sus deliberaciones, y ha abierto también el proceso de registro de las personas que se postularán para estos cargos. Es importante recordar que la comisión no podrá hacer más allá que trabajar con el listado de profesionales que se presenten, por lo que se hace indispensable que buenos perfiles atiendan la convocatoria.
Debo decir que la Ley de Comisiones de Postulación, en su mejor espíritu, ha creado una especie de camisa de fuerza a los comisionados en el ejercicio de su labor. Las famosas tablas de gradación se han convertido en el chaleco con el cual se busca medir a quien se desee poner la toga. Pero muchas veces esos criterios se estiran o se encogen para que llene la talla de un perfil particular, no siempre el mejor de los que están. Es por ello por lo que más adelante habrá que tener una discusión muy profunda sobre cómo adecuar la ley a estándares más efectivos, a partir de las experiencias ya vividas.
Tengo la firme convicción de que a este proceso llegarán perfiles profesionales muy sólidos.
Mientras tanto, se debe hacer un esfuerzo importante por que las antiguas prácticas queden erradicadas de la labor de escogencia. El Tribunal Supremo Electoral no debe ser el coto de caza de los intereses partidarios. Repartir los asientos sobre la base de los pesos políticos de las distintas fuerzas es trastocar el modelo que bien se diseñó para ser independiente. Tampoco debe ser ocasión para premiar lealtades gremiales, pagar favores, retribuir deudas políticas o procurar blindajes legales. El Tribunal Supremo Electoral debe estar por encima de la práctica de promover a los propios por mera razón de intereses clientelares. Lo que la sociedad busca es que este importante tribunal esté dirigido por profesionales independientes, honestos, técnicamente competentes y con ánimo de trabajar. Esta es la mejor garantía para que todos los partidos políticos tengan la seguridad de que sus temas y casos serán tratados con ecuanimidad.
Tengo la firme convicción de que en este proceso llegarán, a manos de los comisionados, perfiles profesionales muy sólidos. Hay un sentimiento muy visible de que debemos recuperar institucionalidad, lo que se ha traducido en un interés mayor por participar. Suficiente ha pasado en los últimos años como para no intentar darle al Tribunal toda la prestancia y la gravitas que necesita.
Guatemala no tiene más tiempo para esperar. No estamos como los personajes de la obra teatral, que aguardan por un Godot que nunca llega. Hoy la comisión puede hacer que la historia sea diferente. Hoy la comisión puede sentar un interesante precedente para los otros procesos que luego siguen. Todo está en separarse de la bulla mediática y de las sombras que planean sobre el proceso, para dar un verdadero ejemplo y, por qué no, una sorpresa.