Pluma invitada
Hacia un internet seguro para mujeres y niñas
La violencia digital es real: hiere, silencia y deteriora nuestra vida democrática.
Una joven recibe mensajes anónimos que la amenazan, alguien ha creado un perfil falso con su rostro, circula un montaje sexual no consentido, los contactos la señalan y la vergüenza la empuja al silencio. No es una escena excepcional, es un patrón que se repite en Guatemala y que degrada el debate público. La violencia digital contra mujeres y niñas no es menospreciable; es violencia que atraviesa pantallas y afecta su salud, bienestar, seguridad y participación en la vida pública y política.
Este fenómeno tiene una maquinaria que lo potencia, la llamada manósfera, un entramado de comunidades y sitios en línea que propagan narrativas antiderechos, que convierten la misoginia en entretenimiento, que justifican el acoso y coordinan ataques contra las mujeres. Estas comunidades amplifican la desinformación, normalizan la humillación y trasladan el hostigamiento del espacio digital a la vida cotidiana.
El impacto de la violencia digital afecta a toda la sociedad y empobrece la democracia. Cuando mujeres periodistas, políticas, funcionarias, activistas, creadoras de contenido, emprendedoras y estudiantes moderan su voz por miedo a la burla, el ciberacoso, la suplantación de identidad, la sextorsión o los deepfakes sexuales, perdemos calidad deliberativa y oportunidades. Cada voz silenciada reduce la pluralidad y nos debilita como sociedad.
Guatemala está dando pasos valiosos para abordar la violencia digital, con servicios de orientación y prevención, así como discusión legislativa. Pero el problema requiere una respuesta sostenida y con metas verificables.
Silenciar a una mujer en línea debilita la democracia.
Prevenir la violencia digital contra las mujeres y las niñas implica educación y conversaciones honestas en casa y en la escuela; implica que hombres adultos y jóvenes asuman su papel para construir relaciones más igualitarias; implica que medios y creadores de contenido informen sin culpar a sobrevivientes ni amplificar materiales que las revictimicen.
Proteger exige disponer de servicios integrales de calidad centrados en sobrevivientes, con atención oportuna y medidas de seguridad.
Investigar demanda de capacidades especializadas, preservación de evidencia y cadena de custodia digital. Reparar incluye rutas claras para la restitución de derechos, acompañamiento a las sobrevivientes y garantías de no repetición. Y regular el entorno implica pautas con las plataformas, ventanas de atención prioritaria, retiro ágil de contenidos dañinos y transparencia local.
También necesitamos datos que guíen políticas y presupuesto. Un sistema nacional que integre denuncias, atenciones y remociones de contenido ayudaría a medir la magnitud, a dirigir recursos y a evaluar resultados. Sin datos, la prevención se queda en declaraciones; con evidencia, se trazan prioridades, se corrigen fallas y se rinden cuentas.
La violencia digital no admite indiferencia. No es un asunto ajeno: asegurar un internet seguro para mujeres y niñas es apostar por una conversación pública más rica, por instituciones que respondan y por un país que cuide su talento. Este año, la campaña Únete y los 16 días de activismo contra la violencia hacia las mujeres y niñas convocan a todos los sectores —Estado, gobiernos locales, empresas tecnológicas, medios, academia, escuelas, familias y organizaciones de mujeres— a unificar esfuerzos para prevenir, proteger, investigar y reparar con metas claras y verificables. Que ninguna voz se apague en línea.