Con otra mirada

La cultura local se apaga

Fue aquel un período de explosión para el arte moderno en Guatemala.

Como sabemos, La Antigua Guatemala —LaAG— es resultado del abandono de Santiago de Guatemala por su parcial destrucción telúrica en 1773, y la drástica decisión del capitán general, Martín de Mayorga, de trasladarla al valle de la Ermita.

El alto costo del café y las champurradas ofrecidas en cada presentación no justificaba soportar el programa.

Algunos vecinos permanecieron, subsistiendo precariamente. Convertida en villa obtuvo nuevas autoridades y paulatinamente se repobló. La introducción del cultivo del café hacia 1860 potenció su economía; las casas fueron reparadas según el gusto neoclásico que no alteró su aspecto exterior. En tanto, los viejos conventos e iglesias transformados en ruinas, definieron el valor de ciudad del siglo XVIII conservada en el tiempo, con vocación habitacional, cultural y turística. Valor y vocación que vecinos y empresarios supieron apreciar. Surgieron hoteles y restaurantes, y fueron creados los museos de Arte Colonial y del Libro Antiguo; hoy desaparecidos ante la apocada mirada del Ministerio de Cultura y Deportes, y dolo de autoridades locales.  

A una escala menor, pero no por eso menos importante, la positiva decisión, pocos años atrás, del viejo Hotel Antigua por levantar la cultura en esta ciudad generó, en las manos de la arqueóloga María Dolores Spillari, un fértil programa cultural. Hubo exposiciones fotográficas, de artes plásticas; conferencias y presentaciones de infinidad de temas profesionales, científicos y de investigación que enriquecieron a sus seguidores; hasta la semana pasada cuando, por decisión de alguien poco ilustrado y alérgico a la cultura, dispuso que el alto costo del café y las champurradas ofrecidas en cada presentación no justificaba soportar el programa.

Decisión que provocó, allí mismo, la formación de la Comisión Cultura, integrada por vecinos y amigos dispuestos a apoyar ese programa, al que se buscará padrinos que entiendan el valor de la cultura.

Ajeno a esos avatares en LaAG, la misma semana pasada, el gran artista del dibujo, Arnoldo Ramírez Amaya (el Tecolote) sufrió una caída que le fracturó un fémur. Más allá del accidente, su inmediata atención y cuidado ya en su casa, la etapa de recuperación no está siendo fácil, sea por deterioro físico, estado de ánimo, como por la edad; sobrepasa los 80 años.

Con el Tecolote pasamos de Estudios Generales, en la Usac, a la Facultad de Arquitectura en 1968. Compartimos, al menos, los primeros tres semestres. Su calidad de línea en el dibujo natural y sobre todo figurativo, era sorprendente, aunque poco tenía que ver con el diseño arquitectónico, al que estaba dedicado el pénsum de estudios. Para nuestra buena fortuna, en el segundo semestre tuvimos como catedrático de Composición Arquitectónica y Teoría del Diseño, al arquitecto Lionel Méndez Dávila, hombre culto, de familia de literatos y gran formación humanista. Por entonces en el Campus Central se construían varios edificios, por lo que proliferaba la madera de desecho; atinadamente, Lionel sugirió a Arnoldo buscar piezas que le provocaran convertirlas en arte…  

De aquel estímulo surgieron valiosas esculturas abstractas que Lionel se encargó que fueran publicadas en un cuadernillo que, a mi parecer y según recuerdo, abrió la puerta a la expresión pública del Tecolote como artista innovador. Fue aquel un período de explosión para el arte moderno en Guatemala, en el que surgieron movimientos culturales importantes como las galerías El Túnel y DS, así como el icónico Grupo Vértebra, paralelos al estímulo que ofrecían las subastas de arte.

Cualquier apoyo que se desee dar a tan insigne connacional, puede canalizarse por medio de su amigo y colaborador, Carlos Estrada: 4572-3188.

ESCRITO POR:

José María Magaña

Arquitecto -USAC- / Conservador de Arquitectura -ICCROM-. Residente restauración Catedral Metropolitana y segundo Conservador de La Antigua Guatemala. Cofundador de la figura legal del Centro Histórico de Guatemala.