Registro akásico
La decadencia de la jurisprudencia
Hay legitimación en las decisiones de todos los agremiados en el CANG.
La Universidad de San Carlos (Usac), antes Real y Pontificia, tenía cátedras de cánones y leyes al momento de su fundación en 1676. Como cualquier otra universidad, y siguiendo las tendencias de la secularización en el siglo XVIII, organizó la Facultad de Derecho, para agrupar el estudio legal. Se atendió a las tendencias universitarias, en especial, de la universidad mexicana, y se le llamó Facultad de Jurisprudencia. Pero la entonces Universidad de México, en 1855, cambió su nombre a Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. La influencia del movimiento positivista, animado por Auguste Comte (1798-1857), fue importante en esa adición al estudio de leyes. Como parte de la nueva tendencia, en 1875, la nueva Ley Orgánica de Instrucción Superior del gobierno de Justo Rufino Barrios (1835-1885), que era escribano, es decir notario, por sus estudios en derecho, culminados en 1862, le cambió denominación a Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales.
Jamás los intereses nimios deben guiar las decisiones en la colaboración de disciplinas científicas.
En efecto, la creación y recreación del derecho solo tienen sentido en la medida del conocimiento del hecho social, sea como cultura, sistema de acción social o herencia positiva de las leyes. Solo un ignorante puede suponer que la interpretación legal debe desconocer el estudio objetivo de la sociedad. En mis Notas sobre la historia de la Sociología en México y su desarrollo en Chiapas, 1988, hago una presentación sobre la influencia comtiana en las facultades de Derecho, que posteriormente influenció a la universidad guatemalteca. Curiosamente, las universidades católicas no introdujeron la Sociología como parte de la organización del conocimiento, sino hasta muy entrado el siglo XX, y algunas no lo han hecho hasta ahora.
El punto es la indisoluble unidad de las ciencias sociales y el derecho. Después de muchos años, varios abogados se dedicaron a establecer un mayor desarrollo de las ciencias sociales, especialmente, la sociología y la ciencia política. Carlos Guzmán Böckler (1930-2017), Jorge Mario García Laguardia (1931-2021) y recientemente René Poitevin (1943-2007) fundaron institutos de investigación y escuelas de Ciencias Políticas con la carrera de sociólogo. No se puede dejar de mencionar a Nelson Amaro en ese esfuerzo.
A esa cuenta, se añade el esfuerzo de muchos abogados dedicados al derecho internacional, que al ocupar cargos diplomáticos, consideraron la necesidad de sistematizar esos estudios. En 1945, se fundó en la Usac la Escuela de Ciencias Diplomáticas y Consulares como parte de la Facultad de Derecho. Los abogados Jorge García Granados (1900-1961) y Carlos García Bauer (1916-2003) contribuyeron a su formación. Fue importante la presencia intelectual de Manuel Galich (1913-1984) en el fomento de estos estudios, cuando fue ministro de Relaciones Exteriores.
Ahora, un grupo de montaraces desea conformar guaridas de rapaces, negando la indisoluble unidad de los agrupados en el Colegio de Abogados y Notarios, lo que origina la grima justificada por la predominancia y ocaso del gremio. Elevados por influenciadores de internet, ensalzados por comunicadores de lenguaje procaz, alabados por la caterva de revanchistas, patrocinados por millonarios para bloquear el progreso a favor del endeudamiento externo, la dilapidación del presupuesto en salarios exagerados de la élite política, la falta de salud pública y de hospitales, nula obra de equipamiento urbano, puertos y carreteras, impulso del corporativismo basado en los lazos de grupos familiares; lo peor, la hez acapara cargos. De nada valen comisionistas de postulación ni metiches extranjeros; al final, la decadencia se instala.