A contraluz
La doctrina Donroe
Presidente Trump: “El dominio estadounidense en el hemisferio nunca más será cuestionado”.
Estados Unidos inauguró el 2026 con un sorpresivo ataque militar en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el cual incluyó 150 aviones, fuerzas especiales, agentes del FBI y la visión estratégica de la CIA. Fue una acción intervencionista que más tenía la intención de enviar un mensaje contundente al mundo sobre el viraje de Washington hacia una política exterior más agresiva, basada en la fuerza.
El continente americano debe entenderse como el patio trasero exclusivo de Estados Unidos.
El operativo bélico, que violó las convenciones internacionales, se entiende dentro de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por su sigla en inglés), dada a conocer por la Casa Blanca, el pasado 4 de diciembre. El presidente Trump condensa su contenido de esta manera: “El dominio estadounidense en el hemisferio nunca más será cuestionado”, que remite a la doctrina Monroe.
Establecida en 1823 por el presidente James Monroe, esa doctrina se sintetiza con la frase “América para los americanos”, una simplificación de la advertencia para las potencias europeas de que no metieran las manos en el continente, el cual quedaba bajo el dominio de EE. UU. para preservar sus intereses estratégicos. La nueva versión, conocida como la doctrina Donroe, un término que le gusta a Trump, es más agresiva. Dice: “La doctrina Monroe es una gran cosa, pero nosotros la hemos superado por mucho”. El continente debe entenderse como el patio trasero exclusivo de EE. UU. Si los presidentes norteamericanos anteriores impulsaban una política exterior basada en la cooperación regional, el enfoque
Donroe es la fuerza, el mando y el control.
En la NSS se formaliza el término “corolario Trump”, que establece la expulsión de rivales del continente, en referencia a China, Rusia e Irán. La política America First obliga a cancelar contratos de infraestructura con China y recuperar el control estratégico de activos, como el canal de Panamá. También define el dominio de recursos, como litio, cobre y energía para abastecer la industria estadounidense.
America First implica expansionismo territorial en el hemisferio occidental. El pasado 6 de enero, en una entrevista con la revista The Atlantic, Trump reafirmó su interés en Groenlandia, calificándola como un paso lógico tras las acciones en Venezuela. “Necesitamos Groenlandia, absolutamente. La necesitamos para la defensa”, dijo. Aunque el tono con Canadá es más moderado, el mensaje que envía es que la soberanía de ese país debe estar subordinada a los intereses de seguridad de EE. UU.
Desde esta perspectiva se entiende cuando Trump dice que está al mando de Venezuela, cuyo control, afirma, se podría extender por años, de la mano de la dirigencia chavista, encabezada por los hermanos Rodríguez (Delcy, la presidenta designada, y Jorge, el presidente de la Asamblea Nacional). En la plataforma America First no interesan la democracia ni los derechos humanos. Las posibilidades de nuevas elecciones en Venezuela están en la cola de un venado, mientras la estructura de poder del chavismo le garantice a EE. UU. el control del país.
¿El objetivo principal de la intervención en Venezuela era el petróleo? Parece que no, pese a que Trump lo ha dicho en varias ocasiones. Marco Rubio, secretario de Estado, aclara lo siguiente: “No necesitamos el petróleo de Venezuela. Tenemos mucho petróleo en EE. UU. Lo que no vamos a permitir es que la industria petrolera de Venezuela sea controlada por adversarios de EE. UU.”.
Esa explicación va en sintonía con los postulados de la Estrategia de Seguridad Nacional: ejercer control sobre el continente, entendido como su patio trasero, en el que no tendrán cabida potencias enemigas en materia militar, política, económica y tecnológica.