La antorcha

La otrora Cuba combativa

El llamado papal de aquel momento a la paz y a la reconciliación de Cuba sigue estando vigente.

La Revolución Cubana declarada marxista-leninista en 1961 por Fidel Castro Ruz (1926-2016), su líder indiscutible e insustituible, desde una de las plazas de La Habana, los combatientes guerrilleros que fueron convocados, empuñando y alzando las armas ante el discurso fogoso de Fidel Castro, anunciaban la disposición de hacerle frente a las amenazas de invasión de los Estados Unidos y de los exiliados cubanos anticomunistas que fueron forzados a huir de Cuba despojados de sus bienes y que legítimamente aspiraban a regresar pronto a su patria natal.

Un pueblo admirable, agotado y sediento de cambios pacíficos.

La tensa confrontación ideológica y militar entre los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la fuente principal de las revoluciones marxistas-leninistas durante la denominada Guerra Fría (1947-1991), le permitió a la recién declarada Cuba comunista un espacio de maniobra que, con extraordinaria habilidad y diría también temeridad, logra afianzarse luego del fallido desembarco de exiliados en Playa Girón, en 1961, y la salida indemne de Cuba de la crisis de los misiles de octubre de 1962, resuelta finalmente por las grandes potencias bajo una altísima tensión entre las partes, estando la situación al borde o al filo de desencadenarse una conflagración nuclear.

La Cuba castrista, empoderada, se convierte en un faro y en un paraíso de inspiración marxista-leninista, desarrollándose como un centro internacional de endoctrinamiento, de entrenamiento guerrillero, de estrategia y articulación política.

Los cubanos convocan y organizan en 1966 la famosa conferencia a la que llaman pomposamente la “Tricontinental”, en la que participaron representantes de movimientos guerrilleros de los tres continentes —Asia, África y América Latina—, en la que, por supuesto, estaban presentes las guerrillas guatemaltecas.

Fidel Castro, proyectando su liderazgo más allá de Cuba, se hace presente en Chile en 1971, en apoyo al régimen comunista de Salvador Allende; en Vietnam, en 1973, en plena guerra civil, tras la retirada atropellada de EE. UU. de Saigón, promueve el envío de fuerzas expedicionarias cubanas a combatir en Angola en 1975, en el suroeste de África, a favor de las fuerzas comunistas de liberación nacional. Y, no menos importante, llega a la Nicaragua sandinista-comunista en 1980, anunciando las ofensivas guerrilleras decisivas en Centroamérica, particularmente en El Salvador y en Guatemala.

Los movimientos guerrilleros revolucionarios marxista-leninistas siguiendo pautas, cual tablero mundial de piezas; desencadenaron luchas armadas fratricidas, provocando derramamientos de sangre y sacrificando generaciones de compatriotas, dejando profundas huellas de resentimiento, dividiendo a las sociedades y a las naciones.

La otrora Cuba combativa y promotora de revoluciones estériles, huérfana del patrocinio de la URSS (1990) y ahora desconectada del régimen chavista de Venezuela, que le fue sumiso como pieza crítica de un tablero de ajedrez, está en el nuevo orden internacional, sin los espacios de maniobra que gozaron por mucho tiempo y con una dirigencia política senil y anquilosada, y con un pueblo admirable, agotado y sediento de cambios pacíficos, y de una juventud que en ciertos momentos ha logrado expresarse, como lo hicieron en la histórica misa que ofició San Juan Pablo II en enero de 1998 en la Plaza de la Revolución, en la que estuve presente, en la que, en coro, el pueblo, en un momento de tensa expectación, exclamaba libertad, libertad, libertad. El llamado papal de aquel momento a la paz y a la reconciliación de Cuba sigue estando vigente.

ESCRITO POR:

Luis Fernando Andrade Falla

Posgrado en Relaciones Internacionales, Universidad de Georgetown Washington, D.C. USA 1994-1995. Licenciatura en Ciencias Económicas por la Universidad Francisco Marroquín. Catedrático universitario. Contacto: lfandradef@hotmail.com