Godot ha llegado

La transición venezolana

Debido a la presión de Washington, las cosas en Venezuela están cambiando para bien.

“Nunca pensé que iba a ver esto”, me escribió una querida amiga y colega venezolana radicada aquí en Guatemala. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció que El Helicoide, que por 10 años funcionó como un centro de detención del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), cuya realidad es un centro de tortura y asesinato a causa de dichas torturas de aquellas personas adversas a la dictadura chavista en Venezuela, dejará de funcionar como tal y será transformado en “un centro social, deportivo, cultural y comercial para la familia policial y para las comunidades aledañas a este recinto”. Una orden clara y contundente que viene desde Estados Unidos, como consecuencia de la intervención militar de ese país el pasado 3 de enero, cuyo objetivo fue la detención y extracción de Nicolás Maduro y su esposa.


No, estimado lector, no es solo por el petróleo, como algunos analistas y personas sesgadas ideológicamente han opinado desde el 3 de enero sobre lo ocurrido en Venezuela. Si bien los Estados Unidos, bajo su actual Estrategia de Seguridad Nacional, buscan tomar un control geopolítico de todo el hemisferio occidental (como lo hicieron en el siglo XIX, con la Doctrina Monroe, en la primera mitad del siglo XX, bajo el corolario Roosevelt a esa doctrina, y durante la Segunda Guerra Mundial, bajo la política del Buen Vecino) y asegurar que el acceso a nuestros recursos sea prioritario a ellos y no a otras potencias, específicamente China, también existe un plan de sanación, estabilidad y transición, como lo explicó con claridad el secretario de Estado, Marco Rubio, para la dictadura chavista en Venezuela, al que seguramente le seguirá Cuba y luego Nicaragua.

No, estimado lector, no es solo por el petróleo.


El caso de Venezuela es el punto de inflexión. Después de negar la presencia de soldados, asesores militares y agentes de inteligencia cubanos en dicho país, la operación del 3 de enero y posteriormente la misma dictadura “revolucionaria” cubana reconoció que la guardia presidencial de Nicolás Maduro estaba compuesta por soldados cubanos, quienes fueron asesinados el día de la operación. De igual forma, los presos políticos fueron negados desde 1999, primero por el régimen de Hugo Chávez Frías, y luego por Nicolás Maduro, y es hasta ahora, con la presión de Washington, que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anuncia una liberación y amnistía para estos por claras órdenes de Washington.


Es también importante señalar que El Helicoide, hijo diabólico del Sebin, el cual funcionó como el infierno para los presos políticos de la dictadura venezolana, fue un engendro inspirado por la asesoría cubana en aquel país. Después del fallido intento de golpe de Estado a Hugo Chávez, que tan solo duró tres días, del 11 al 14 de abril del 2002, el entonces presidente inicia su proceso de radicalización revolucionaria de aquel país y se inspira precisamente en el modelo cubano “que los yanquis no pudieron eliminar”, y así da inició a la cubanización de Venezuela, en especial en los servicios de inteligencia civil y militar, así como en la protección presidencial. Pero, claro, una cosa fue Chávez y su propaganda y otra muy distinta Maduro y la suya, que apostaron por un régimen socialista, uno de los pocos restantes de la Guerra Fría, para su sobrevivencia, y el tiempo demostró su error.


Celebro, entonces, con todos los venezolanos que tuvieron que dejar su país, aquellos que fueron víctimas de la represión chavista, de la detención y tortura en El Helicoide y a sus familiares, así como de las familias que perdieron a seres queridos asesinados por pensar diferente a la dictadura chavista. Espero pronto celebrar la caída de otros regímenes similares en Cuba y Nicaragua. ¡Feliz domingo!

ESCRITO POR:

Roberto Wagner

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UFM. Maestría en Relaciones Internacionales con especialización en Geopolítica (Warwick University, Reino Unido). Exdiplomático, profesor universitario, columnista, consultor y analista político independiente.

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