A CONTRALUZ

Las buenas conciencias

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El Index librorum prohibitorum fue una lista promulgada por el papa Pío IV, en 1564, en la que se incluían los autores y libros considerados perniciosos para la fe religiosa. Estaban prohibidos La Fontaine, con sus fábulas, cuentos y novelas, Decartes, Montesquieu, Copérnico y Kant, entre otros miles de autores. La 32 edición del Index, de 1948, tenía unos cuatro mil libros censurados por herejía, sexualidad o ideas políticas. Ese nefasto expediente de negar el acceso a la literatura, la cultura y la información también ha ocurrido en los regímenes totalitarios. En la Unión Soviética, durante el periodo estalinista, se asistió a una purga intelectual contra los escritores que no comulgaban con la línea oficial. Fue una guerra contra el conocimiento y la libertad de expresión. No solo se prohibían las obras, sino que se perseguía y aniquilaba a los escritores. Otro tanto ocurrió durante la época de terror de Hitler, cuando se quemaban montañas de libros prohibidos y se asesinaba a sus autores.

' La supuesta ideología de género solo existe en las mentes conservadoras, fanáticas y mojigatas.

Haroldo Shetemul

Esta reflexión surge porque en la actualidad, si bien ya no se organizan quemas de libros, se asiste a una nueva forma de censura por motivos de dogmatismo, fanatismo e ignorancia. Esta semana, el diputado Álvaro Arzú Escobar se hizo eco de un video publicado en las redes sociales donde se muestra una estantería de la Librería Sophos con supuestos textos perniciosos para niños, y llama a que los padres tengan mucho cuidado. En forma paralela se organiza una petición de firmas contra esa librería con el título “No al adoctrinamiento de niños con sus libros”. Entonces, ya no estamos frente a hechos aislados, sino a una campaña orquestada por grupos ultraderechistas que creen que Sophos tiene una agenda de ideología de género y antifamilia. Solo en las mentes más retrógradas se puede creer eso. Otros sectores fanáticos también podrían alegar que esa librería busca el adoctrinamiento neoliberal porque vende libros de Hayek, Von Mises y Ayn Rand o tiene una agenda oculta comunista porque ofrece libros de Marx, Lenin o Gramsci.

Una librería es un mercado de ideas, si le gusta cómprelas, si no pase de largo, nadie lo obliga a adquirirlas. El problema es que actualmente han surgido grupos virulentos que mezclan la ignorancia y el fanatismo para arremeter contra aquello que cuestiona el statu quo. Se creen la policía moral. Son esas buenas conciencias mojigatas que a la luz del día dicen proteger a la sociedad de agendas malvadas y travestistas, pero en la oscuridad no les importa la violencia intrafamiliar, la infidelidad, la pederastia, la corrupción y la impunidad. Es más, se regodean en ellas. Esas buenas conciencias dicen defender el libre mercado, pero orquestan el ataque contra un comercio sin ton ni son. ¿Cuántos libros al mes leen esas buenas conciencias que ahora se preocupan por libros infantiles, que quizá ni siquiera han hojeado para saber si son abominables? Probablemente no leen libros para no contaminarse.

A propósito de este ataque desmedido, el escritor Juan Pablo Dardón expresó en Twitter que los libros son la segunda aproximación que tenemos del mundo, ya que el primero es el núcleo familiar. A través de los libros, agrega, entendemos el mundo y conocemos sus límites. El mundo ha cambiado y no retrocederá, aunque al diputado Arzú eso le quite el sueño. Los libros normalizan el fenómeno de la sexualidad y el género, no adoctrinan a nadie. Dardón dice que Arzú responde a un grupo de interés conservador, cristiano y miedoso al cambio, que se basa en esparcir bulos y miedo a granel. Le dice al diputado: “No sea ignorante, ni conspiranoico, ya está grandecito para tonterías. Y no le pago para eso”. Encima, le dice Dardón a Arzú, usted es preclaro defensor de la libertad y propiedad privada. ¿Viene a motivar el sabotaje a un negocio, sabe el daño que eso le causaría a tantas familias?

ESCRITO POR:

Haroldo Shetemul

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Profesor universitario. Escritor. Periodista desde hace más de cuatro décadas.