La antorcha
Las Naciones Unidas deben y pueden reinventarse
Hay que reconocer que el presidente de los Estados Unidos se propuso facilitar acercamientos entre Israel y los países árabes petroleros moderados y estables.
A tan sólo dos años de que se ratificara la Carta fundacional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en octubre de 1945, en ese momento, por 55 países miembros, un pilar importante de la nueva estructura internacional post II Guerra Mundial, se conformó, a través de la resolución 181, la Comisión Especial de las Naciones Unidas para Palestina, para encontrar en esa área geográfica del Medio Oriente, que estaba bajo mandato británico, una solución pacífica y equilibrada a la creciente conflictividad y violencia entre judíos y árabes palestinos.
Los Acuerdos de Abraham (2020) sentaron las bases del actual proceso de paz en Medio Oriente.
La ONU, un tanto sesgada en este asunto de vertientes históricas al que se le conoció posteriormente como el conflicto israelí-palestino, que ha alimentado el terrorismo en y más allá del Medio Oriente, ha quedado a casi 80 años de la referida resolución, al margen sin incidencia alguna, de un proceso de negociación de paz, inédito y ad hoc, sobre el futuro de la Franja de Gaza, un área de población palestina, que ha sufrido atrocidades y destrucciones masivas derivadas del terrorismo instigador de la conflictividad israelí-palestina.
Hay que reconocer que el presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, artífice de este proceso de paz, desde su primer mandato (2017-2021), siendo un sólido aliado de Israel, se propuso facilitar acercamientos entre Israel y los países árabes petroleros moderados y estables, especialmente las monarquías del golfo Pérsico, como son Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Omán y Baréin, teniendo como telón de fondo la búsqueda de una solución al conflicto israelí-palestino como contrapeso común a la influencia extremista de la República Islámica de Irán. Los históricos Acuerdos de Abraham (2020) suscritos entre Israel y Emiratos Árabes Unidos junto a Baréin, al que se sumaron Sudán y Marruecos, sentaron las bases del actual proceso de paz que se anunció formalmente en el reciente Foro Económico Mundial de Davos.
Ciertamente, este proceso previo se sometió a pruebas extremas, sin precedentes, a partir de los sorpresivos y los crueles ataques terroristas del 7 de octubre del 2023 contra israelíes indefensos que habitaban en áreas fronterizas de Israel por fuerzas de milicianos del grupo de Hamás, quienes han tenido el control absoluto de la Franja de Gaza desde el 2007 y han sido parte integral de las redes terroristas articuladas, entrenadas y financiadas por el régimen de Irán. Israel activó, como era de esperarse, una respuesta militar efectiva en todos los frentes terroristas.
Sin embargo, al asumir el presidente Trump su segundo mandato, en enero del 2025, priorizó retomar la agenda a favor de la paz en Medio Oriente con un renovado y decisivo apoyo militar a favor de Israel frente a las amenazas de Irán, cuyos resultados contundentes abrieron nuevamente espacios diplomáticos y políticos a negociaciones directas con un derrotado Hamás para acordar un proceso gradual hacia la paz y de un futuro prometedor para la Franja de Gaza. Se han sumado a este proceso ad hoc los países más importantes del mundo árabe e islámico al más alto nivel político, que han tenido y tendrán un peso muy importante en el multilateralismo mundial, que obliga a la propia ONU, a la Secretaría General, al Consejo de Seguridad y a la Asamblea General, de hoy 193 países miembros, a reinventarse para ser efectivos y no quedar como un organismo anacrónico, costoso e irrelevante en el nuevo orden mundial.