Registro akásico

Las votaciones no agradan a todos

La democracia tiene fallos pero es mejor a la imposición y manipulación.

Permitir los problemas para mantenerse en el poder. Agrandar las amenazas para buscar la adhesión de los incautos. Levantar un enemigo para evitar el juicio sobre sí. Echar la culpa a los pasados para oscurecer la falta de acción en el presente. La disonancia del conocimiento explica cómo un político se apropia de la angustia causada por la falta de medios para la sobrevivencia, bajo afirmación de compartirla, cuando el ingreso de un diputado es 15 veces el salario mínimo. Para no hablar del Directorio de la Superintendencia de Competencia, que se fijó en Q75 mil mensuales, bajo revisión sine die. El mismo truco del Congreso: se afirma haber sido suspendido, pero al final adquiere firmeza, basado en la caducidad de las impugnaciones. Es decir, se aplicará cuando se olvide la indignación producida.

La crítica a la república se basa en el desprecio de la igualdad de los ciudadanos en los comicios.

Del Código Penal, se revocó la normativa para perseguir delitos económicos. La razón es obvia; no es un asunto penal las prácticas comerciales o financieras usureras, acuerdos para evitar la competencia o el aprovechamiento de deformaciones en el mercado. El nombramiento de esos directores muestra el fariseísmo para controlar a las comisiones de postulación o las votaciones de los colegios profesionales en el nombramiento de autoridades. El tal directorio se formó con el análisis de expedientes en la Comisión de Economía y Comercio Exterior del Congreso de la República, de acuerdo a la ley, decreto 32-2024.

Entrevistas en las salas de la comisión, jamás juntas en cafeterías, aunque se sabe siempre hay lugar para el secreto, las entrevistas televideofónicas y los automóviles con los vidrios negros. Saduceos del oenegeísmo, con nombres rimbombantes como grupo de genios, expertos en probidad, concentración de honrados y otras tantas razones sociales, expresadas en dilatadas notas en comentarios radiales, televisivos o notas en internet. Largas para vetar alguna persona o señalar gravitación de algún político, sin dar jamás el nombre del representante ni de los integrantes del pacto de podridos. Condenas en abstracto, válidas para toda ocasión.

Los profesionales más anodinos acuden, pues evitan los vetos de la Contraloría General de Cuentas motivados políticamente. Tal requisito está siempre presente. Se acumulan requisitos como solicitar no haber sido elegido a cargo público, no ser dirigente sindical o gremial y otros por el estilo. Pero también existe otro expediente de veto: si hubo elección profesional, se asocia con el nombre de algún dirigente con suficiente fama para manchar al candidato. Las entrevistas con rubros de calificación profesional hacen el deleite de los puristas. Si los decanos de facultades de Derecho deciden no entrevistar a 20, pues después escoge el Congreso; ya es motivo de protesta por la falta de circo. Se efectúan estudios en EUA, con títulos pomposos como examen periódico universal, acompañamiento de juristas dedicados a los derechos humanos, alarma contra la corrupción, etc. Sus severos criterios no son tan activos en la selección de letrados en su propio país. Pero ya se sabe; allí todos los profesionales son íntegros si pertenecen al partido de la oenegé.

Frente a todo ello, el Colegio de Abogados y Notarios. Diverso, con muchas maneras de pensar, de abstenerse o de votar. Después de comicios sin mancha, resultan los designados por la mayoría. Así es la democracia, ganan los votos. Las condenas de metiches son abuso de patrocinio, a veces de origen externo. Tal vez no gustan los ganadores, pero las votaciones no son perfectas; recuérdese aquella: a Jesús o a Barrabás. Ya sabemos quién ganó.

ESCRITO POR:

Antonio Mosquera Aguilar

Doctor en Dinámica Humana por la Universidad Mariano Gálvez. Asesor jurídico de los refugiados guatemaltecos en México durante el enfrentamiento armado. Profesor de Universidad Regional y Universidad Galileo.