Rincón de Petul
Lista negra de visados. Expediente caliente en Cancillería
Ingresaron 75 países al unísono; eso no será igual, necesariamente, en el proceso de salida.
El Departamento de Estado pausó temporalmente la emisión de visados de inmigrante para los nacionales de 75 países y abrió una nueva etapa de incertidumbre para miles de familias y para algunas naciones que hoy se preguntan por qué. Entre ellos aparece Guatemala, que recibe este nuevo mensaje internacional de la Casa Blanca, ahora en primera persona. Según se comunicó, a partir de mañana no habrá más visas de inmigrantes para los ciudadanos de los países afectados, incluyendo los procesos encaminados. Y así, se interrumpe una promesa básica de cualquier proceso administrativo: la previsibilidad. En aquel país, donde la migración fue parte esencial de su receta, una pausa indefinida se sentirá como un portazo político que dejará a miles en el limbo, sin calendarios confiables. Los términos “pausa” y “temporal” pueden proyectar esperanza; pero en migración significa el truncamiento indefinido de la vida de personas y familias.
En discurso, EE. UU. dijo que el listado solo obedece a su intención de proteger su sistema de servicios sociales. Una medida meramente económica e interna. Pero esto requiere una lectura con dos lentes paralelos. El primero, de política interna, que es otra medida que se suma a las muchas para romper el paradigma del ayer: que esa nación recibe a quien llega a esforzarse. Esta vez, amparada en la necesidad de limitar el riesgo —real o percibido— de que los inmigrantes (de algunos países, más que de otros) llegan y abusan de sus programas de asistencia social. Pero hay un segundo lente —geoestratégico y característico del estilo de Trump— que objetivamente se debe atender. Aquel que utiliza repetidamente y por medio del cual, apoyado en objetivos internos, presiona y señaliza a gobiernos específicos. El que ahora Guatemala esté incluida en una de las listas negras de Trump causa inquietud.
Nuestra posición debe ser por una migración segura, ordenada y regular.
La situación se agrava por el lado humano, pues nuestro país será uno de los más impactados. Un porcentaje importante de quienes buscan esa visa de inmigrante son quienes procuran la reunificación familiar. Un hijo cuyos padres viven allá o viceversa; una pareja separada por una línea geográfica. La lógica numérica es esta: a mayor diáspora en aquel país, mayor es la demanda de estas visas. Según datos del censo estadounidense, Guatemala (con 1.8 millones) es el tercer país con mayor cantidad de migrantes, entre los que estamos en la lista. Pero nuestro sistema consular reconoce que son 3.6 millones los guatemaltecos en EE. UU. Eso nos proyecta como el país con más afectados. Y un aspecto delicado de esto es que la medida castigará a quienes intentaron hacer las cosas “bien”. Los que por años obedecieron a los estadounidenses que llamaron a no contratar coyotes y a confiar en su sistema.
Veo ingenuo creer que esta lista responde solo a cálculos económicos sobre servicios sociales. El componente político es visible. ¿Por qué, si no, los vecinos nuestros no aparecen, con sus migraciones masivas y pobres, y sí figura Uruguay, cuya diáspora es mínima y con indicadores de desarrollo superiores? Realmente, si el propósito fuera evitar más dependientes de asistencia, ¿por qué no endurecer criterios para casos individuales? Las listas de países también hablan de relaciones, señales y preferencias. Hasta ahora, nuestra relación con Washington parecía avanzar con pragmatismo. Este giro demanda una reacción rápida, técnica y dedicada. Es un expediente caliente sobre el escritorio del canciller. A la lista ingresaron 75 países al unísono; eso no será igual, necesariamente, en el proceso de salida. Está la experiencia exitosa en el caso de los aranceles. Nuestra posición debe ser por una migración segura, ordenada y regular.
La vida de miles depende ahora de ello.