SIN FRONTERAS
Llamado a mejor comunicación @USembassyguate, @MinexGT
Un bus azul andaba recorriendo la Reforma en la zona 10. Un anuncio adherido a su ventana advertía a quien leyera que no emigrara ilegalmente. La publicidad patrocinada por los contribuyentes de Guatemala y Estados Unidos. Un esfuerzo que no iba en solitario. Igual otros anuncios en la radio, pero en estaciones centralizadas. En vallas publicitarias, pero en lugares turísticos. En redes sociales, en medios que no son apropiados para el público que emigra. En Instagram, la cuenta de “La Embajada” pone a cada tanto mensajes que son curiosos. Instan a que la gente se quede en su “tierra natal”; usan fotos de campesinos; indígenas, con trajes regionales. Posan frente a una pared de adobe, sonriendo, por quedarse en casa. Una imagen de felicidad. Pero el que conoce, sabe que en ese ambiente también se respiran otros sentimientos: la angustia por un futuro sombrío; la desazón de la vida donde nada hay; y la esperanza de imitar a quien se fue, y lo logró. La enorme ilusión por la vida en otro lado. Uno no puede evitar preguntarse quién es el que se gana el salario trabajando esa publicidad que más parece una pantalla.
' El desorden migratorio desbocado y el aumento adicional por mala información, deben prevenirse.
Pedro Pablo Solares
Cuando circulaban esos buses (2018) el tres por ciento de la población de nuestro tercer departamento más poblado (Huehuetenango) fue sorprendido en Texas y Arizona. Estos números, del entonces secretario de seguridad Kevin Mcaleenan. Un éxodo humano en nuestra mira; un éxodo humano durante nuestra mira. Uno que, reiteramos, viene menos de la ciudad y más del campo. Y menos del campo cercano, más de aquél que está lejano. “Los que bajan de la montaña con botas y machete”, como me dijo una señora en una periferia del ya remoto Carchá. Gente que, uno supondría, no verá el anuncio en el bus en La Reforma. Gente que no usa el Twitter que tanto usa el Ministerio del Exterior; ni sigue la cuenta de Instagram de “La Embajada”. Cuestiones bastante evidentes, diría uno, y que se ven como deficiencias adicionales a la calidad del mensaje que —encima— perfila al expulsado de forma condescendiente. Imaginen: Le dicen que el viaje al norte puede ser peligroso cuando los expulsados vienen de territorios como los que quedaron inundados este año, arrasando con todas sus vidas.
Ayer, Prensa Libre publicó un reportaje sobre cómo los relevos en Washington pueden aumentar flujos migratorios, pues generan información falsa en las comunidades que expulsan. Y, si bien, yo agregué que la confusión se da independientemente de cómo se perfiló el ganador respecto de la migración, creo que es innegable que en 2020, en el boca a boca, habrá una falsa sensación de alivio. Una falsa expectativa de que la puerta estará más abierta, ahora que se va Trump. Esto debe llamar la atención de los gobiernos, en especial si la administración del señor Biden fuera a cumplir su promesa de revertir algunas de las medidas, como la confirmación de Daca, por ejemplo. Sería idóneo que los gobiernos tuvieran canales de comunicación —más efectivos y más confiables— con las comunidades, para contrarrestar información que pueda generar nuevos piques, como los de 2014 y 2018.
La ausencia de información oficial es tan absoluta en esos lugares, que uno llega hasta a cuestionar si los esfuerzos gubernamentales son genuinos. Se comprende la dificultad de llegar tan remoto, pero la magnitud del problema y el paso de tanto tiempo debió haber ya propiciado nuevas estrategias. Personalmente, creo es más accesible y factible trabajar con las comunidades receptoras, allá, en las Ciudades Espejo. El desorden desbocado en los flujos migratorios y el aumento adicional que pueda generar la falta de información, deben ser prevenidos. Independientemente de su condición, la gente merece saber lo que pasa. No sería su culpa si, por ejemplo, una vez se confirmara Daca, nuevas masas juveniles salieran con una falsa esperanza en su corazón.