Si me permite

Logro cambios con el ejemplo, no con el discurso

Los elocuentes discursos que piden hacer cambios no siempre lograran producir cambios.

“Si no cambiamos, no crecemos. Y si no crecemos, no estamos viviendo de verdad”. Anatole France  

Sin lugar a dudas, podemos afirmar que muchos de los que están insistiendo para que hagamos algo tienen el problema que los que hacen es más escuchado que lo que están pidiendo que se haga con su oratoria. Esta afirmación nos tiene que llevar a auto evaluaros para que cuando pedimos algo la respuesta será inmediata porque nuestros hechos no están estorbando a lo que estamos pidiendo. Simplemente un ejemplo que nos pueda ayudar, en ninguna manera es coherente que exijo a mi gente que llegue temprano cuando yo llego después de ellos, pero si estoy antes que todos mi palabra y mi ejemplo serán favorables para lograr que ellos lleguen temprano.

Cambios que logramos seguramente habrán de invitar a algunos de los que nos conocen a seguirnos.

Es sorprendente cómo la gente observa los logros que he alcanzado y por ello me observan y tratan de imitar mi modo de ser para que de ese modo puedan también lograr los logros que he podido alcanzar. Y muy probable que en algún momento habrán de dar crédito de sus logros por lo que estuvieron observando en el modo cómo llevo adelante mis tareas y la manera que se proyecta mi modo de ser.

Seguramente, no fue para que otros lo noten, sino que fue la determinación de ser su perfil. Si aprendemos esta simple regla nos habremos de ahorrar muchos discursos los cuales no solo son desagradables el tenerlos que escuchar, sino que tampoco terminan siendo provechosos.

En la vida nosotros tenemos una sucesión de cambios y estos deben, de alguna manera, marcar un avanzar y un mejorar para que no sean simplemente cambios, sino que se están fundamentando en una razón indiscutible la cual es progreso y avance el cual sin lugar a dudas habrá de motivar a otros a tomar el mismo camino para tener los mismos resultados.

Cuántos comentarios hemos escuchado de aquellos que cambiaron el rumbo de su vida y su modo de ser, simplemente porque en el trabajo o en el círculo en el cual se movían había una persona, la cual —por su modalidad de hacer las cosas— no solo les llamó la atención, sino que fue un ejemplo y un modelo al que siguieron de cerca y asimilaron mucho del modo de ser de ellos al punto que generó cambio en la manera de ellos para bien y para abrirles nuevos horizontes.

Sin lugar a dudas, nosotros no estamos planificando y desarrollando nuestra vida para que la gente nos esté imitando y admirando, pero lo contrario sería muy lamentable que teniendo las máximas oportunidades para ser lo mejor no nos estemos conformando con la mediocridad cuando sabiamente podemos apuntar a la excelencia y a la manera ejemplar de vivir y actuar en cada detalle de nuestra vida.

Seguramente podemos proponernos hacer la diferencia en el medio en el cual nos ha tocado vivir y ser parte de nuestra sociedad, y no simplemente ser uno más en la sociedad donde se mueve junto con la masa de gente que está en el derredor. Lo valioso de esta vida es que tenemos la capacidad para poder desarrollar el potencial necesario de hacer la diferencia, y con ese detalle no habremos vivido una vida simplemente como un mortal más que pasó en este planeta, sino que con la ayuda de Dios y el esfuerzo personal habremos dejado un legado para los que nos habrán de seguirnos probablemente nos tendrán como un ejemplo.

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.