A contraluz

Los cafres del volante enlutan a familias

El gobierno ofreció frenar la excesiva velocidad de los buses extraurbanos, pero nada ha cambiado.

Con el inicio del 2026 les envío, estimados lectores, un saludo lleno de esperanza por que en este nuevo viaje en el tiempo tengamos paz y tranquilidad. Pero eso no implica olvidarnos de que el año recién pasado fue trágico para muchas familias que afrontaron la pérdida de sus seres queridos en los constantes accidentes de buses extraurbanos.

A los transportistas les favorece la excesiva velocidad porque genera más viajes y más ganancias.

Ese es el caso de lo ocurrido el 26 de diciembre último. Lo que debía ser el retorno tranquilo al hogar, un día después de Navidad, se convirtió en una pesadilla para los pasajeros que viajaban en un bus de los Transportes Sinaloa, que se precipitó a un barranco en el kilómetro 174, en Totonicapán. Este hecho dejó luto y dolor a las familias de las 16 personas que perdieron la vida, entre ellas una niña de 5 años, además de los 25 usuarios heridos.

Según las investigaciones, el accidente se habría debido a que el piloto conducía a excesiva velocidad y hablaba por teléfono, lo cual hizo que perdiera el control de la unidad en una curva.

Apenas seis días antes, otro bus volcó en la carretera hacia Nueva Concepción, Escuintla, con cauda de siete pasajeros heridos. La causa: el exceso de velocidad con que conducía el piloto.

Desde el inicio del 2025 la tragedia acompañó a los pasajeros de buses extraurbanos. El 10 de febrero, la población se conmocionó al conocer que una camioneta cayó en un barranco en la Calzada de la Paz, zona 5 capitalina. El siniestro, que se habría debido a la excesiva velocidad, dejó 54 pasajeros muertos y 9 heridos.

El gobierno del presidente Bernardo Arévalo prometió que iba a tomar medidas drásticas para evitar el exceso de velocidad y que iba a exigir que se revisaran todas las camionetas para que no circularan en malas condiciones. Esos ofrecimientos se los llevó el viento porque no ha habido ninguna medida efectiva.

La Dirección General de Transporte, del Ministerio de Comunicaciones, es el ente rector del transporte extraurbano, pero en la práctica es como si no existiera. Los conductores de camionetas se creen los reyes de la cinta asfáltica y corren a excesiva velocidad para disputarse el pasaje entre ellos. No hay ninguna autoridad que ponga un alto a estos cafres del volante.

Por ejemplo, los buses de las Rutas Esmeralda se han vuelto tristemente célebres porque corren a excesiva velocidad y frecuentemente protagonizan accidentes. En las redes sociales se han viralizado videos como este: https://www.facebook.com/watch/?v=1797215621073698, que muestran la forma en que una patrulla policial persigue una camioneta de pasajeros de La Esmeralda que va a más de 140 km, en la Costa Sur. Cuando los agentes le dieron alcance e interrogaron al conductor, este les dijo que lo hacía porque ya era tarde y estaba contra el tiempo.

El año pasado murieron 96 personas por accidentes de buses de pasajeros, pero las autoridades no asumen su responsabilidad. ¿Cómo es posible que los transportistas traten a los pasajeros como si fueran ganado o bultos? Es obvio que eso ocurre porque no hay quien les ponga un alto. El presidente Arévalo ofreció un cambio, pero es evidente que no ha hecho nada para poner freno a esta práctica deleznable que favorece a los propietarios de buses porque la excesiva velocidad permite más viajes y genera más ganancias.

El problema es muy simple: de 21 mil buses registrados, apenas mil 500 tienen regulador de velocidad y únicamente hay 11 inspectores en todo el territorio nacional. Por eso los pilotos conducen en forma temeraria e impune, porque no hay control, tampoco autoridad que los sancione y, si los detienen, los sobornan y siguen como si nada. La nueva primavera demuestra que es más de lo mismo.

ESCRITO POR:

Haroldo Shetemul

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Profesor universitario. Escritor. Periodista desde hace más de cuatro décadas.