Liberal sin neo

Malestares galos

Exhibe fundamentalmente un nihilismo violento

La interpretación superficial es sencilla, pero el trasfondo es profundo. Francia se encuentra sumergida en una ola de protestas masivas liderada por estudiantes de secundaria y universitarios. Empezó a mediados de septiembre con una huelga del sindicato de maestros como protesta por las condiciones en los institutos, focalizada en los suburbios de París. Ha escalado a un movimiento de alcance nacional que tiene en jaque al gobierno a pocos meses de las elecciones presidenciales.


Varias manifestaciones degeneraron en bochinches violentos y enfrentamientos con la Policía. Se extendió a 40 ciudades y a varios pueblos y aldeas. De tres mil 700 lycées o escuelas secundarias, ha habido protestas en más de mil, con 200 establecimientos “tomados” y 24 incendiados o saqueados. Cientos de miles de manifestantes se dieron a las calles, la violencia ha dejado más de 800 policías heridos y mucha destrucción. En manifestaciones urbanas ondea la bandera palestina y aun cuando hay preponderancia de etnias inmigrantes, hasta los jóvenes étnicamente franceses cantan “liberen a Palestina” y “en el nombre de Alá”.


Una masa juvenil que dice ser antirracista y antifascista exhibe fundamentalmente un nihilismo violento; las manifestaciones son alentadas y manipuladas por partidos y activistas de extrema izquierda y los sindicatos de empleados públicos. Paradójicamente, Francia gasta 4.5% de su PIB en educación, equivalente a aproximadamente US$16 mil por estudiante anualmente, que representa uno de los niveles más elevados en el mundo. Aun así, las aulas están sobrepobladas por inmigrantes, la infraestructura se encuentra deteriorada y la excelencia ha mermado; el sistema está dominado por poderosos sindicatos de maestros. Las manifestaciones forman parte de malestares y fallas estructurales más profundas en la sociedad francesa.

Su pasión y entusiasmo es capturado, manipulado y movilizado por intereses políticos.


Un medio que presume de rigor académico (The Conversation) informa que, entre las causas que impulsan las manifestaciones “mayormente pacíficas”, se encuentra “una crisis climática que está afectando a centros educativos”… “y la perspectiva de una victoria presidencial de la extrema derecha en 2027”. “Es posible que este último reto haya sido percibido como una amenaza existencial por muchos estudiantes de secundaria”. Es decir, atribuyen los problemas en la educación al cambio climático y el espectro de la extrema derecha.


Como en otros países desarrollados de Occidente, la educación francesa ha sido capturada por la ideología posmodernista. La sociedad y la historia se ven desde el lente de opresores y oprimidos, explotadores y explotados, victimarios y víctimas. Se enseña que Francia es culpable, su historia, valores y herencia cultural son malévolas, fruto del imperialismo y la explotación. Los jóvenes obtienen estatus, dan significado a sus vidas y “hacen historia” con ser parte de “la lucha” contra la opresión y la injusticia, real o imaginaria. Su pasión es capturada, manipulada y movilizada por intereses políticos. Clásico, y deplorable.


Francia enfrenta profundos retos estructurales. El gobierno consume 54% del PIB, los impuestos, regulaciones y mandatos estrangulan la actividad productiva; la economía está estancada. Durante décadas, cada nuevo gobierno ha aumentado los beneficios y gastos sociales, insostenibles, que son imposibles de recortar. Los sindicatos de empleados públicos paralizan cualquier intento de reforma. La población envejece y no se reproduce; masas de inmigrantes de países musulmanes y de África no se asimilan a la cultura francesa. Es una crisis real, que está incubando en otros países europeos.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

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