Fundamentos
Manual para sobrevivir en las redes
Es preciso poner más atención a los medios tradicionales, pues estos sí se cuidan de mantener la credibilidad.
Tengo un buen amigo que recientemente compartió un video en el que se apreciaba a un personaje del mundo público haciendo una serie de afirmaciones asombrosas. Debo decir, en descargo del amigo, que era muy difícil apreciar si este video era auténtico o falso. Naturalmente, resultó ser completamente falso. El video había sido producido por inteligencia artificial, un recurso que cada vez más refina sus métodos y sus productos. Estoy convencido de que no fui al único a quien le compartió este material, quizá con el ánimo de llevarse la supuesta primicia. Su reenvío terminaba de darle un aire de legitimidad a un material que resultó ser hechizo. Ese es el terrible riesgo de las redes.
La receta es, entonces, abrirse a distintos puntos de vista.
Pareciera que estamos expuestos a un enemigo invencible. Nuestra capacidad de filtrar el material que llega a nuestras manos se ve muy reducida por el poder de las imágenes, la inmediatez de las redes y nuestra insaciable curiosidad. Sin embargo, en toda esta marea de datos, es posible tener una estrategia para no cometer el error de desinformarnos y no terminar desinformando a los que están a nuestro alrededor. Sin el ánimo de agotar el tema, explico cuatro herramientas básicas.
La primera de ellas es revisar las fuentes. Es curioso, pero ¿se han dado cuenta de que, a veces, las imágenes de las noticias que nos mandan tienen la fuente editada o cortada? Esto debería ser de entrada motivo para poner la información en cuestión. También es importante recordar que hay cuentas de personajes anónimos o supuestos “medios noticiosos” que introducen primicias que resultan ser falsas. Es preciso poner más atención a los medios tradicionales, pues estos sí se cuidan de mantener la credibilidad y hacen siempre un doble chequeo de las noticias que publican.
La segunda herramienta es sospechar de lo sorprendente. Como el interés de las personas está siempre puesto en lo extraordinario, impactante o fuera de lo normal, los materiales que nos presentan escenas llamativas suelen ser puras fabricaciones. Esto busca explotar nuestro gusto por el sensacionalismo. Podemos poner en esa misma canasta hazañas de animales, explosiones filmadas con gran detalle u operativos militares. Si ese evento no está confirmado por medios tradicionales, no debe circular.
Un tercer aspecto es calificar las fuentes. Suele pasar que un pseudoperiodista o un activista envía informaciones que luego demuestran ser falsas. A pesar de ello, se sigue recibiendo de ellos más “información”. Es decir, deberíamos atribuirle de entrada la falta de credibilidad y no escuchar más a quienes han probado consistentemente manipular la noticia. Sin embargo, estos manipuladores gozan de la práctica del “borrón y cuenta nueva” que los consumidores de noticias les suelen otorgar.
Un último elemento es siempre apuntarse para recibir información de fuentes contrastantes. Es jugarle la vuelta al algoritmo. Escuchar siempre diferentes ángulos ayuda a establecer cuándo se nos intenta manipular. No es fácil porque nos saca de nuestra zona de confort, pero es una práctica adecuada, vista la basura digital que circula en las redes. La receta es, entonces, abrirse a distintos puntos de vista, pues de lo contrario lo único que nos ocurrirá es que siempre nadaremos en la misma pecera, siendo objeto de quienes quieren vendernos su propia historia.
Cuando se habla de cómo reducir el efecto tóxico de las redes suelen aparecer voces que plantean su control o censura. Eso es regalarle el control al censor. Mejor empecemos por el mejor juez de las redes, que somos nosotros mismos.