Catalejo

MetroRiel urbano con participación inglesa

Todas las megaobras como esta requieren el debido análisis y consecuencias desde numerosos puntos de vista.

Muchos guatemaltecos se han sorprendido agradablemente ante la firma de un acuerdo con Gran Bretaña para financiar un ferrocarril urbano denominado MetroRiel con la meta de aliviar en algo el maremágnum cotidiano de transportarse de los hogares a los lugares de trabajo, sin duda el mayor problema metropolitano. La suma de esa cooperación alcanza 5 mil millones de libras esterlinas, equivalentes a 51,632 millones de quetzales, suma sin precedentes y con un país con el cual las relaciones colaterales se encuentran en medio de normalidad y cordialidad. En noviembre pasado vino de visita Sophie, la duquesa de Edimburgo, cuñada del rey Carlos III por su matrimonio con el príncipe Eduardo, hijo menor de la reina Isabel y del príncipe Felipe.


Poco se sabe de los detalles del MetroRiel urbano, pero la participación británica despierta la confianza mayoritaria.

Es muy conveniente reducir el tiempo necesario para informar públicamente cómo avanzar los requisitos necesarios y saber detalles importantes aunque no parezcan serlo tanto. Es fundamental conocer la experiencia de este tipo de obras de la o las empresas contratadas. La distancia será de 21 kilómetros, desde Centra Sur en Villa Nueva hasta Centra Norte, terminal en la zona 18. Las fechas calculadas deben ser conocidas; se debe evitar paros de los trabajos a causa de una y equivocada interpretación del concepto de autonomía municipal. Otro elemento importante se encuentra en la estación central, donde las angostas calles de la zona 1 colapsarán si no se planifica la solución del tránsito vehicular. Y a mi criterio falta una estación muy cercana a la USAC.

Inglaterra es un país estricto con el aprovechamiento privado de beneficios de cargos públicos. Un funcionario hace algunos años fue despedido porque llevó a su residencia para cortar la grama al jardinero de un edificio histórico. Eso no ocurre en Guatemala y por eso es de esperarse, entre las condiciones del acuerdo, ojalá se encuentren condiciones al respecto. Es la simple realidad de nuestro país y con ver hacia otro lado no se soluciona. El criterio prevaleciente es calificar de corrupción a un hecho incorrecto, sin relación al costo en dinero. A causa de esto, la participación británica goza del beneficio de la duda entre un enorme porcentaje de la población guatemalteca.

Un factor adicional debe ser el conocimiento popular de cómo se dividirá por partes la construcción de la obra, con el objeto de reducir el tiempo. Por eso mismo es necesario unificar la dirección y simultaneidad, así como el orden de construcción de las numerosas y variadas obras necesarias para terminar con los embotellamientos. A este respecto se debe conocer también dónde estarán localizados los estacionamientos de los usuarios de este sistema de comunicación interna. Y otro tema es conocer cuántos árboles no podrán ser salvados, porque un efecto colateral se refiere a la temperatura del área, aumentada por la contaminación creada por los automotores. En suma, la información clara y constante no puede ser olvidada ni mucho menos mantener oculta.

Las muchas obras necesarias en tantos temas diversos y necesitados de simultaneidad obliga a un trabajo organizado como nunca ha ocurrido. Sin duda habrá también necesidad de expropiaciones de casas o edificios cuya localización afectará a todo el país, pero por otro lado se deben respetar los edificios con evidente importancia histórica. Hace muchos años, un ingeniero municipal sugirió la demolición del acueducto colonial para facilitar el paso y, ante la crítica expresó: “No hay problema, la municipalidad lo reconstruye igualito”, sin comprender el irrepetible valor histórico. No era humor negro, sino un pensamiento equivocado. Para finalizar, todas las megaobras como esta requieren el debido análisis y consecuencias desde numerosos puntos de vista.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.