Con otra mirada
Ni fuente de identidad ni mercancía
La Ley Protectora impone: “Cada uno de los miembros del Consejo será personalmente Conservador Auxiliar de la Ciudad”.
A lo largo de su desarrollo las culturas crearon fuentes de identidad con las que trascendieron. Testimonio físico que reconocemos como obras de arte y que en la actualidad corren el riesgo de que se las vea como simple mercancía.
Según el nivel cultural de una población, su educación permitirá apreciar esas fuentes de identidad y la necesidad de preservarlas para las nuevas generaciones. Cuando la arquitectura y el urbanismo adquirieron carácter artístico, se les denominó arte mayor, por el simple hecho de su escala, por lo que la rica producción artística fue encasillada como arte menor; susceptible de ser coleccionable y exhibida en museos. Para la arquitectura y el urbanismo, la figura de protección fue ser declarados ciudad, centro o conjunto histórico, cuyas restricciones requieren de legislación y planes de conservación, considerados dentro de la planificación del territorio, con fines de identidad —interés primordial—, pero con consecuencias como el cambio de uso de suelo y su impacto en el valor comercial, muchas veces de carácter especulativo, difícil de controlar, que los ponen en riesgo.
Por tratarse de una ciudad histórica destruida parcialmente por un terremoto y obligado abandono al momento de su máximo desarrollo en 1773, La Antigua Guatemala (LaAG) es un caso particular. No tardó en repoblarse con la añoranza de su pasada gloria, pues su trama urbana junto a los grandes conjuntos arquitectónicos, transformados en ruinas conservadas, complementados por el paisaje natural, fueron exaltados por el paso del tiempo y revalorizados en su nuevo estado. Valores culturales que la caracterizan desde entonces y afianzaron su vocación habitacional, cultural y turística.
Por ley, el Cnpag es responsable de la conservación de los bienes culturales en la ciudad, sean del Estado, la municipalidad o de particulares.
De ahí el surgimiento de asociaciones, comités y patronatos de vecinos en pro de la cultura, como aquel que en 1936 creó el Museo de Arte Colonial, que la municipalidad apoyó e instaló en el antiguo edificio de la Universidad San Carlos (Usac), entonces ya de su propiedad. Un importante y trascendental hito para la ciudad fue la emisión de la Ley Protectora, que creó el Consejo Nacional para la Protección de LaAG (Cnpag); entidad suigéneris que marcó positivamente su destino a partir de su vigencia en 1972. Institución integrada por cinco miembros: cuatro técnicos y el alcalde que la preside en representación de los vecinos. La dirige el Conservador de la Ciudad quien a su vez, es su secretario.
El reciente despojo de piezas del Museo de Arte Colonial de LaAG por autoridades del Organismo Judicial, se sustentó en una denuncia por deterioro, de la que nadie se hace responsable. Su manipuleo y traslado las puso en real y verdadero peligro, ante la imperturbable inacción del Ministerio de Cultura y Deportes. Por ley, el Cnpag es responsable de la conservación de los bienes culturales en la ciudad, sean del Estado, la municipalidad o de particulares. Hasta donde se sabe, los señores Miembros no conocieron la solicitud de la Fiscalía de Delitos Contra el Patrimonio Cultural de la Nación, del Ministerio Público para evaluar las piezas, ni el trámite administrativo a cargo del Conservador de la Ciudad.
Surgen las dudas: ¿Por qué el Conservador no les informó? Los miembros del Consejo ¿aún sesionan? ¿Por qué no acatan el Art. 6 de la Ley Protectora que impone: “Cada uno de los miembros del Consejo será personalmente Conservador Auxiliar de la Ciudad?”.
De hacerlo, habrían evitado el desliz institucional con el que se despojó a la histórica ciudad de su rica colección de arte colonial, fuente de identidad, que ni siquiera fue considerada como valiosa mercancía a ser protegida.