Conciencia
Normales Superiores no resolverán la formación docente
El centro del debate debe ser el aprendizaje de niños y jóvenes, no el diseño de nuevas estructuras.
Recientemente, el Congreso aprobó el decreto 4-2026, que crea la Ley de Escuelas Normales Superiores. Más que una innovación, representa un retorno a esquemas de formación docente que Guatemala ya intentó hace dos décadas. La reforma impulsada en 2007 buscaba actualizar las escuelas normales, agregando un año de estudios y un nuevo currículo, pero fue descartada durante el gobierno de la UNE en 2008 y quedó en un limbo institucional. Años después, en 2012, se promovió elevar la formación inicial docente al nivel universitario para profesionalizar la carrera magisterial.
Sin planificación del recurso humano, formar más maestros no garantiza calidad educativa.
De esa decisión surgió el modelo de Formación Inicial Docente (FID), cuya implementación se inició alrededor de 2015. Sin embargo, la reforma quedó incompleta: no se transformaron simultáneamente el reclutamiento, la planificación de plazas ni la carrera docente dentro del Ministerio de Educación (Mineduc). Se elevó el estándar académico, pero no se construyó un sistema coherente que conectara formación, contratación y desarrollo profesional. Y ahí empezó la incoherencia que hoy se sigue arrastrando.
Mientras se impulsaba el FID, muchos estudiantes fueron becados para estudiar en la Universidad de San Carlos (Usac) con recursos que han significado muchos millones de quetzales trasladados del Mineduc a la Usac. Se estima que más de cuatro mil egresados han pasado por el programa, y se carece de información confiable sobre cuántos fueron incorporados al sistema educativo nacional. Esta desconexión evidencia la falta de planificación del recurso humano.
A ello se suma la formación en servicio mediante el Programa Académico de Desarrollo Profesional Docente de Primaria y Preprimaria (Padep/P), que también implicó el traslado de millones de quetzales del Mineduc hacia la Usac y la participación de miles de docentes, pero sin coordinarse con evaluación, desempeño o carrera profesional. De hecho, no hay estudios accesibles que indiquen que los alumnos de estos maestros mejoraron su aprendizaje.
Actualmente se cuenta con un sistema fragmentado. Cambiar estructuras o nombres no resolverá nada mientras el sistema no articule formación docente, reclutamiento y aprendizaje en el aula. El debate no es institucional; es sobre selección, acompañamiento y desempeño docente.
El mundo educativo cambia rápidamente. La tecnología y nuevas formas de aprender exigen maestros flexibles y en constante actualización; se necesitan instituciones abiertas al cambio, no esquemas rígidos centrados en la administración. La discusión sobre las Normales Superiores corre el riesgo de mirar hacia atrás cuando el desafío real es preparar docentes para un entorno dinámico.
Sin lugar a dudas, el Mineduc debe ejercer plenamente la rectoría de la formación docente. Sin embargo, las Normales Superiores no aseguran innovación ni calidad por sí mismas.
La experiencia internacional muestra que no existe una única fórmula institucional: los sistemas que mejor funcionan seleccionan bien desde el inicio, forman con rigor y evalúan de manera constante. La calidad depende de la coherencia del sistema completo.
Guatemala tiene muchos maestros de primaria graduados que no logran encontrar empleo en el sector educativo. No tiene sentido crear o ampliar las Escuelas Normales Superiores si los graduandos no encontrarán empleo. La formación docente debe vincularse con la planificación del recurso humano. Además, los convenios con universidades tampoco garantizan calidad.
Más allá del diseño institucional, el centro de la discusión debe ser el aprendizaje de los estudiantes. La formación docente es un medio, no un fin; sin integralidad se seguirá manteniendo un sistema educativo mediocre y subdesarrollado que limita los aprendizajes y el desarrollo del potencial y los sueños de niños y jóvenes.