Aleph

Ojo en la Usac y el CSU

No hay mucho que esperar de la actual CC.

¿Cómo podría un Consejo Superior Universitario (CSU) conformado por 41 delegados, entre los cuales 23 tienen mandatos vencidos y están en resistencia de dejar sus cargos, designar a las y los magistrados que se sentarán en la Corte de Constitucionalidad (CC) para el período 2026-2031? ¿No sería ese proceso arbitrario, ilegítimo e ilegal? ¿No le abriría la puerta a candidatas y candidatos cuestionados, violando descaradamente el Estado de derecho y la Constitución? ¿Cómo permitir que los corruptos elijan a más corruptos, de manera corrupta?

Esto significa, como decimos en lenguaje popular, que se puso al perro a cuidar de las salchichas.

Con razón, las Autoridades Indígenas expresaron públicamente su rechazo hacia el proceso por el cual el actual CSU busca designar a dichas magistraturas y su repudio categórico a la candidatura de la señora Consuelo Porras para la CC, calificándola como “una bofetada para la dignidad de los pueblos indígenas”, por sus actos de criminalización y contra la democracia. Piden que el proceso sea anulado. Por su parte, la Convergencia por los Derechos Humanos presentó un amparo preventivo contra el CSU, en la Sala Sexta de lo Contencioso Administrativo, para detener el proceso que se llevaría a cabo el 19 de febrero y propone hacerlo hasta que el nuevo CSU esté conformado. La Misión de Observación de la OEA también hizo un llamado para que se cumpla con la sentencia de la CC, que ordena renovar los cargos del Consejo Superior Universitario de la Usac.

No hay que olvidarse de la Universidad de San Carlos (Usac) a lo largo de este proceso eleccionario (y después tampoco), ya que sus representantes tienen una enorme responsabilidad en la designación de altos cargos de funcionarios que definen, por mucho, los destinos del país. No olvidemos que esa universidad tiene actualmente como rector a un usurpador que llegó por fraude y que opera para el Pacto de Corruptos, y que esto significa, como decimos en lenguaje popular, que se puso al perro a cuidar de las salchichas. Mazariegos le está dando la estocada final a la Usac para bien servir a sus patrones y tratar de salvarse el pellejo. Y encima, ahora el usurpador quiere devolverle los favores recibidos a la fiscal general, vía un puesto en la CC, porque en Guatemala, más que en ninguna otra parte, se practica bien eso de “amor con amor se paga”.

Escuché hace poco en las redes que le preguntaban a Juan Francisco Sandoval, en una entrevista, qué podía pasar si el usurpador se atrevía, desde un CSU con las características del actual, a nombrar a Consuelo Porras. Sandoval dice que, “de acuerdo con la Ley de Amparo (…), ella tendría 15 días para renunciar de su puesto como fscal general. Entonces todo eso va a estar interesante, porque desde inicios de marzo a mediados de mayo van a haber alrededor de dos meses y medio en que ella no va a tener inmunidad. Y, otra cuestión, de repente el plan de ella es que se haga cargo de la Fiscalía el fiscal que ella designe o que designó a inicios de año en casos de ausencia temporal. El tema aquí es que la ausencia aquí no va a ser ausencia temporal, sino ausencia definitiva. Por ende, en el caso que se diera esa situación particular, el presidente de la República tendría que seleccionar de entre los cinco que quedaron en la nómina final de la elección del 2022 a un fiscal general que se haga cargo del Ministerio Público desde marzo hasta mayo; es decir, por dos meses. Es decir, ella se quedaría sin inmunidad dos meses y medio; por ende, va a ser un período muy interesante”.

No hay mucho que esperar de la actual CC, que se da baños de pureza y defensa democrática, cuando ha sido, en la mayoría de los casos, una corte celestial corrupta y plegada a los intereses más oscuros. Desde el 2013 esto comenzó a cambiar, y en el 2015 vimos de frente las caras de la corrupción. A partir de entonces han sido las juventudes, los pueblos originarios, la comunidad internacional y los tercos de la esperanza, quienes se han levantado por Guatemala. No nos cansemos.

ESCRITO POR:

Carolina Escobar Sarti

Doctora en Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad de Salamanca. Escritora, profesora universitaria, defensora de DDHH por la niñez, adolescencia y juventud, especialmente por las niñas