CATALEJO

Ortega ataca a la Academia Nicaragüense de la Lengua

|

Daniel Ortega sobresale por su rechazo a las entidades y manifestaciones culturales, debido a su pasado de guerrillero y su presente de dictador. Ordenó al Congreso cerrar 83 oenegés, entre ellas la Academia Nicaragüense de la Lengua (ANL), una de las 23 entidades pertenecientes a la Asociación de Academias de la Lengua Española. El ataque olvida a propósito las diferencias entre las organizaciones no gubernamentales, unas políticas e ideológicas y otras culturales, científicas, etc. Según él —y al menos otro presidente del Istmo— toda oenegé es mala y tiene pérfidas intenciones.

En Nicaragua, el presidente puede escoger a cualquiera para dirigir las entidades receptoras de fondos públicos. Las academias reciben fondos estatales casi siempre escuálidos, pero se respeta su independencia y la forma de integrarlas. Las oenegés políticas pueden ser cuestionables, no así las culturales y científicas. Una ANL estatizada durará poco y desaparecerá, como también ocurrirá con clubes de servicio, organizaciones en pro de la educación, obras de caridad o de beneficio como los boy scouts, Caritas, etc. La mala fe de Ortega se destapa con solo saber los pretextos esgrimidos.

La razón es simple. Ortega, desprestigiado dictador, quiere apoderarse de la ANL porque cree obtener así el prestigio nacional e internacional derivado del trabajo con la lengua española. Las academias ya comenzaron a protestar en términos enérgicos por esta estulticia, porque debido al ambiente actual de Iberoamérica, otras podrían sufrir ataques similares, con base en retorcer la historia, a un contraproducente apoyo a las lenguas vernáculas, necesitadas del español para facilitar la comunicación de sus hablantes con el mundo, entre otras. La incultura y patanería obcecada y dictatorial le hace cometer este crimen de lesa cultura.

 

Colombia ya tambalea

Para entender la gravedad de la segunda vuelta de Colombia se deben conocer detalles de los contendientes. Gustavo Petro, exguerrillero, señalado de trasvesti con pareja sentimental, se hizo una foto al lado del magnonarcotraficante Pablo Escobar. Es la tercera intentona de este exsenador y exalcalde despedido de Bogotá, arrogante y rechazador de ideas distintas, sin partido fuerte ni plan de trabajo, quien mintió sobre su doctorado y maestría y se vio obligado a admitirlo. Llegó al primer lugar por la división de la derecha y su discurso preocupa al empresariado, cuyo apoyo fue al ocupante del tercer lugar.

Su contrincante Rodolfo Hernández, sin experiencia política, acusado de corruptela, con lenguaje soez, sin plan ni equipo de gobierno, rechaza la participación política de la mujer; es terco, simpático, pero poco serio. Se declara anticorrupción, sin decir cómo lo logrará y señala como ejemplo eliminar los carros de los funcionarios y los altos gastos de toma de posesión, a la cual —según afirma— solo invitará a su madre y algunos familiares cercanos. Ese segundo lugar deriva del hastío de los colombianos por los partidos tradicionales, y el resultado constituye un voto de castigo y de rechazo.

Petro necesita llenar la diferencia de 12 puntos. La suma del segundo y tercer lugares alcanza 52, lo cual daría el triunfo al recién llegado, quien para ganar debe alejarse del presidente Duque y del expresidente Uribe, ambos centro del rechazo popular. Colombia votará en contra de, no a favor de. El choque será de frente y la radicalización no podrá evitarse por el breve lapso que separa la primera y la segunda vuelta. Ganará el menos peor y los efectos pronto demostrarán la tragedia oculta en ese castigo autoinfringido por votantes desesperados y exigentes de cambios. Ninguno de los contendientes podrá dárselos.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.