CATALEJO
Para detener la ola de motoaccidentes
Los fríos números no dejan lugar a dudas: la mezcla de irresponsabilidad, falta de educación vial y de conciencia de la evidente desventaja cuando se protagoniza un accidente con otro vehículo convierten a los motoaccidentes (término necesario de crearse para especificarlos) en la segunda causa de muertes en el país, sólo superada por las heridas de bala. Hay más de tres millones de carros y motos circulando, y su número sin duda alguna tenderá a aumentar a causa del colapso de las calles sufrido sobre todo en la ciudad capital, porque la casi nula construcción de nuevas calles simplemente aumenta la cantidad de atascos y aumenta a extremos casi increíbles la movilidad dentro del perímetro. Llegar a un destino muchas veces implica una inversión de tiempo de hasta doce horas.
' El tránsito vehicular, especialmente de motos, es una fuente de tragedias y debe ser combatido con campañas de concientización.
Mario Antonio Sandoval
La moto es un vehículo intrínsecamente peligroso, pero además, este factor aumenta porque en Guatemala las leyes de tránsito son un chiste para la mayoría de automovilistas, motoristas, ciclistas conductores de autobuses y de tráiler. Los motoristas, en abrumadora mayoría, no tienen conciencia de esto y ni siquiera piensan en qué les ocurrirá en los choques. He visto muchos con el casco de seguridad colgado en el brazo… y quienes manejan vehículos de cuatro o más ruedas en la ciudad son sorprendidos y asustados cuando las motos los rebasan por la derecha, zigzaguean en el tránsito, etcétera. Desde esa perspectiva, no puedo aceptar la decisión de empresas, cuya publicidad ofrece la entrega de la comida pedida en pocos minutos, o no hay cobro. Por eso los motoristas se arriesgan más.
La solución tiene varias posibilidades, pero se me ocurre una campaña de concientización de los clubes de motocicletas, de las aseguradoras, del IGSS. Este último gasta, según declaraciones oficiales de esa institución, doce millones de quetzales diarios en cuidados intensivos para atender a motoristas accidentados, casi todos hombres entre 18 y 40 años, equivalentes al 64% de las atenciones por este rubro. El problema de los accidentes de tránsito es igual si se trata de autos de carrera o de otro uso: nadie piensa en la posibilidad. En la película Grand Prix, de hace unos 40 años, un piloto dice: “Si pensáramos en lo que es estrellarse a 240 kilómetros por hora contra una pared o árbol, nadie correría”. No es necesaria velocidad tan absurda (67 metros por segundo); quien conduce a 60, avanza 16.67 metros por segundo.
Lo peor de todo esto son los efectos permanentes de quienes se accidentan o mueren en los accidentes. Pero a ello se agrega el efecto contra las familias: viudez, orfandad, desamparo, pobreza. La tragedia humana muchas veces tiene alcances casi increíbles. Y hay otro elemento poco tomado en cuenta: la inefectividad del sistema judicial cuando esas víctimas se quedan sin una indemnización a causa de la corrupción provocada por la burla de la ley de parte de jueces y abogados. Pero esto en sí es otro tema. La principal tarea es la de convencer y concientizar a los motoristas. Los casos son tanto de ser las víctimas, como de ser los culpables por su forma de conducir. Y no se diga si todo se complica a causa de la presencia del alcohol. En eso, las festividades de fin de año son terribles.
Al problema del tránsito vehicular ya le llegó el momento de ser tratado con seriedad. Merecen especial mención las empresas productoras o distribuidoras de licores, porque es evidente la relación entre el exceso de consumo con los accidentes. Ya se ha hecho algo con la colocación de advertencias, pero son muy generales. Indicar “puede causar, o causa serios daños a la salud” es demasiado general y no tiene el impacto necesario. Serán más efectivas campañas de concientización patrocinadas por la industria, como ya se hace en otros países. En Guatemala se hace desde hace tiempo para ocasiones específicas, como Semana Santa y Navidad, pero deben ser permanentes. El tema de este artículo solo tiene como fin señalar los efectos familiares y sociales.