Aleph
Planificación urbana y caos
Hoy, la Ciudad de Guatemala es un caos. El desorden urbano da cuenta de una planificación urbana tardía.
Ya conviene olvidarse de la “Tacita de plata”. Eso estaba bien para una ciudad del siglo XVIII con 50 mil habitantes. Entonces, las carretas y los carruajes servían bien para transportarse. En pleno siglo XXI, Guatemala es una ciudad de masas, con 3.5 millones de habitantes solo en la zona metropolitana, por lo que un transporte público masivo y eficiente, así como una buena planificación urbana, deberían ser las respuestas naturales a este problema. Pero la falta de visión, la corrupción y una clase política que no entiende que no entiende, han sido el obstáculo mayor.
Crecer sin planificación y con corrupción ha generado problemas como el tráfico.
A falta de un buen sistema de transporte público, hemos llegado a la vergonzosa cifra de más de 6.3 millones de vehículos, movilizándose en una ciudad desordenada, llena de túmulos, “sapitos” y pasos a desnivel que poco resuelven. La planificación urbana comenzó con los mayas, aunque esta planificación era distinta al modelo europeo. El diseño de sus ciudades era intencional y se basaba en la orientación astronómica y la observación del paisaje, en la importancia que daban a los centros cívico-ceremoniales, en la zonificación por clases y en una infraestructura urbana con calzadas, drenajes y reservorios artificiales de agua. Luego, durante el periodo colonial y fundacional del siglo XVI, ya existían esquemas de ciudades como La Antigua, con su diseño en cuadrícula o parrilla, implementado en 1541. Llegando al siglo XX, vemos iniciativas innovadoras, como la de Raúl Aguilar Batres a inicios de siglo, uno de los más visionarios planificadores urbanos, quien creó el sistema de “zonas” y la numeración de las calles; luego, sería Marco Antonio Cuevas, el primer graduado en planificación urbana en 1965, quien desarrollaría planes maestros de ordenamiento territorial.
El famoso Esquema Director de Ordenamiento Metropolitano (EDOM 1972-2000), realizado durante la gestión de Manuel Colom Argueta, alcalde electo 1970-1974, se concibió como un instrumento técnico, integral y estratégico, con visión de largo plazo, para orientar el crecimiento ordenado de la ciudad y su área metropolitana. Analizaba la estructura urbana, la población, el uso de suelos y la zonificación; incluía propuestas de ejes urbanos, desarrollo industrial y transporte (incluso un metro), y planteaba un ordenamiento territorial que buscaba corregir el crecimiento desordenado de la ciudad. Contemplaba servicios públicos, equipamientos y políticas para la ciudad, hasta el año 2000. Era un plan de avanzada. Pero como lo político, casi siempre, obstaculiza lo que sí funciona, el plan no tuvo continuidad.
Hoy, la Ciudad de Guatemala es un caos. El desorden urbano da cuenta de una planificación urbana tardía, de planes urbanos parciales o sectoriales que no se implementan o aplican efectivamente, dejando “parches” por todas partes, además de los evidentes problemas de movilidad e infraestructura. Crecer sin planificación y con corrupción ha generado problemas como el tráfico, la casi total ausencia de transporte público eficiente y funcional y las mal planteadas prioridades de infraestructura. Los DRT se habían propuesto, alguna vez, como buses que tuvieran sus propias vías e hicieran más eficiente el transporte, no como el Transmetro, que le quitó espacio en la vía a los demás vehículos, provocando aún más caos.
Ahora llega, además, la propuesta de un aerometro de solo 8.9 km de trayecto aislado. ¿Estará integrado a la red de transporte masivo? ¿Habrá flujo constante o serán viajes por “tanda”? ¿El costo-beneficio fue bien analizado o es un proyecto dado a dedo a algún buen amigo de tuMuni, que afeará aún más la ciudad, poniendo más cables y talando más árboles? En Colombia y Brasil tienen este sistema de transporte para bajar y subir de las laderas o zonas de difícil acceso a las personas que necesitan llegar a las ciudades. ¿Y aquí? Me gustan las propuestas innovadoras bien pensadas, integral y estratégicamente planteadas, hechas de manera transparente, para la gente. Si este no es el caso, sumaremos frustración, desorganización, indignación y corrupción. Ojalá me equivoque.