De mis notas

Por qué fracasan los países

Why Nations Fail (2012): instituciones extractivas, peajes y el arte de arruinar un país sin declararlo arruinado.

Veo las noticias de lo que está pasando en Guatemala, California, Minnesota y una Unión Europea cada vez más complicada que no puedo evitar volver a aquel libro publicado hace 14 años Why Nations Fail (2012, Por qué fracasan los países), de Acemoglu y Robinson, una obra que es más libro profético que ensayo académico.

Cuando las reglas dejan de establecer limites comienzan las rentas…

La idea central es simple: “Que el deterioro comienza cuando las reglas dejan de establecer límites y empiezan a producir rentas, dejando que la política no busque mejorar las instituciones, sino capturarlas para que el Estado deje de ser árbitro y se convierta en ventanilla de excepciones y peajes. A eso llaman “instituciones extractivas”: la estructura que convierte el poder y las normas en negocio y privilegios”.

Ese lente sirve para leer a Guatemala. Aquí, el epicentro es un Congreso atrapado por incentivos perversos electoreros que premian al operador clientelar, volviendo la curul en inversión y el retorno cobrado en plazas y contratos. Las leyes que ordenan el mercado —competencia real, servicio civil, compras públicas transparentes— no avanzan por su mérito, sino cuando alguien paga el “peaje” correcto. Y la oposición, con excepciones, no compite por construir reglas, sino por bloquearlas por cálculo politiquero.

Lo vemos con los incentivos perversos para aprobar el presupuesto más grande de la historia, aunque el Estado no tenga capacidad de ejecución. El resultado es una práctica ya conocida: se sobredimensiona el gasto, se subejecuta la obra y se maximiza la oportunidad de corruptela. Carreteras, puertos, aeropuertos, seguridad, cárceles, inteligencia; lo estratégico queda como discurso de tarima. Es el círculo vicioso que enfatiza el libro: instituciones que deberían disciplinar al poder terminan administrando la “extracción”.

La comparación con California es pertinente, porque muestra otra versión del mismo problema: la captura por capas del Estado. “A fines del 2025, California buscaba cómo tapar el agujero estimado en US$18 mil millones rumbo a 2026-27, mientras la expansión de Medi-Cal a indocumentados se proyectaba en US$8.5 mil millones anuales del fondo general, presionando aún más las finanzas. (Fuente: Legislative Analyst’s Office).

De esa cuenta, registra una tendencia neta de salida de sedes multinacionales —con casos emblemáticos como Chevron mudándose a Texas—, y mientras se impulsa un gravamen del 5% sobre patrimonios superiores a US$1 mil millones, ya hay estampida de multimillonarios a Texas y Florida.

Minnesota deja otra lección del libro: cuando políticos crean políticas “convenientes” sin controles reales, la corrupción se multiplica como ratas. Fiscales federales señalaron que el fraude en programas públicos —sobre todo alrededor de Medicaid (Medical Assistance) y servicios estatales de alto riesgo— podría superar los US$9 mil millones desde el 2018, señal de cómo un control débil puede volverse industria de saqueo.

En Europa, el cuadro es triple: migración no selectiva, energía cara y un debate agrio sobre libertad de expresión. Alemania cerró sus últimas plantas nucleares en el 2023. La industria alemana ha perdido competitividad, porque el diferencial energético se volvió estructural. En el 2023, la electricidad industrial en la UE fue ~158% más cara que en EE. UU. y el gas ~345% más caro, comprimiendo márgenes y volviendo inviables muchos proyectos que demandan energía.

El libro insiste en un punto incómodo: las naciones no se salvan con discursos, se salvan con límites. Instituciones inclusivas significan un Congreso que legisla, no que subasta; justicia que sanciona, no que negocia; presupuesto que se ejecuta con trazabilidad, no que se aprueba para piñata. En ese sistema, la innovación ya no es una amenaza, sino que vuelve a ser motor, y el Estado deja de ser ventanilla de favores para volver a ser árbitro.

Lo contrario de la extracción no es la utopía, sino más bien una regla simple y radical, que en Guatemala todavía suena revolucionaria: la ley pareja para todos, incluso para los que mandan.

ESCRITO POR:

Alfred Kaltschmitt

Licenciado en Periodismo, Ph.D. en Investigación Social. Ha sido columnista de Prensa Libre por 28 años. Ha dirigido varios medios radiales y televisivos. Decano fundador de la Universidad Panamericana.