Reflexiones sobre el deber ser

¿Quién con una luz se pierde?

En Guatemala rige simultáneamente una cleptocracia autocrática y una caquistocracia.

Los gobiernos e instituciones de los EE. UU., la Unión Europea (UE) y Canadá, entre otros, han venido demostrado, a través de la imposición de sanciones a Estados, compañías e individuos, que no están dispuestos a aceptar la corrupción, la impunidad y el socavamiento de la democracia institucional en países con los cuales tienen relaciones diplomáticas, comerciales, culturales y de cooperación, o cuando dichos actos nocivos afecten intereses o el bien común de aquellos.

La sociedad guatemalteca merece un Estado de derecho eficaz.

El Gobierno estadounidense, a través de la reciente extracción del dictador venezolano, Nicolás Maduro, el 3 de enero de 2026, ha evidenciado que tampoco está dispuesto a tolerar que funcionarios en ejercicio, incluso gobernantes, que hayan cometido crímenes de terrorismo, como el narcotráfico, y de corrupción, se escuden en los cargos públicos que ocupan, incluso revestidos de inmunidad, en sus países o en la soberanía nacional, para evadir la justicia penal transnacional o internacional.

La extracción de Maduro se asimila a la captura y detención del exdictador panameño Manuel Noriega, sindicado de la comisión del delito de narcotráfico, perpetrada por el Gobierno de los EE. UU., el 3 de enero de 1989 (hace 36 años). Noriega fue declarado culpable por tribunales de justicia estadounidenses y condenado a purgar un largo encarcelamiento en suelos norteamericano, francés y panameño, extremo que estaría por repetirse con Maduro.

O sea que, en el futuro, la extradición ya no será la única manera de que los EE. UU. siente a los criminales en el banquillo de los acusados. Sin embargo, las clases politiqueras y sus colaboradores y financistas, que han instalado cleptocracias autocráticas (régimen de ladrones) y caquistocracias (gobierno de los peores) en países latinoamericanos, se resisten a reconocer que el Gobierno e instituciones estadounidenses, tanto bajo la conducción de republicanos como demócratas, están hartos de la ausencia de castigo de los corruptos, pandilleros y bandas del crimen organizado, así como de la cooptación del Estado a través de seudofuncionarios asociados a la delincuencia organizada nacional y transnacional, cuyas causas eficientes son el abuso de poder, el envilecimiento de la justicia oficial y la opresión.

En Guatemala rige simultáneamente una cleptocracia autocrática y una caquistocracia, es decir, un régimen calificado como canalla por la comunidad democrática internacional. Por otro lado, el gatopardismo, cuyo lema es que “todo cambie para que nada cambie”, ha venido obstaculizando la renovación institucional. Empero, no tengo duda de que dicha comunidad velará por que la próxima designación de magistrados del Tribunal Supremo Electoral y la Corte de Constitucionalidad, así como del fiscal general de la República, el procurador general de la Nación y el contralor general de Cuentas, se rija por la meritocracia y que no sea permeada por la mafiocracia y sus operadores.

Por otro lado, estoy convencido de que la comunidad democrática internacional ya no tolerará más los atajos a la ley, las burlas electorales, el vaciamiento de la Constitución, el acoso judicial, la justicia selectiva ni la manipulación de los procesos de postulación y/o designación de funcionarios, y que será implacable con quienes los propicien y concreten.

La sociedad guatemalteca merece una democracia representativa funcional, un Estado de derecho eficaz, la protección de la economía de mercado, la igualdad de oportunidades, la erradicación de la corrupción y la impunidad, así como la celebración de elecciones generales libres y justas en 2027.

ESCRITO POR:

Mario Fuentes Destarac

Abogado constitucionalista