Desde Ginebra

Reflexiones sobre el comercio

La implementación generalizada de sistemas de aduanas digitales ha reducido los tiempos de despacho fronterizo.

Al hacer algunas reflexiones sobre el comercio, se hace necesario explorar áreas de cómo mejorar en este año que recién empieza. El 2025 marcó un punto de inflexión en el comercio mundial, caracterizado por una paradójica combinación de integración tecnológica acelerada y profundas asimetrías estructurales. La digitalización total de las cadenas de suministro, impulsada por blockchain y la inteligencia artificial, ha creado un ecosistema comercial más eficiente pero también más complejo y exigente. La implementación generalizada de sistemas de aduanas digitales ha reducido los tiempos de despacho fronterizo en un 70%, mientras que los contratos inteligentes han minimizado los costos de transacción. Países como Singapur y   Países Bajos, entre otros, han demostrado cómo la integración tecnológica puede transformar economías enteras. El Acceso a nichos de mercados y a las plataformas de comercio electrónico B2B ha  permitido a pequeños productores de países en desarrollo acceder directamente a compradores especializados en Europa y Norteamérica, eliminando intermediarios tradicionales que capturaban gran parte del valor.

La comunidad internacional debe crear mecanismos de financiación específicos para la digitalización de pequeñas empresas.

Con una Cooperación regional fortalecida, los acuerdos comerciales “de nueva generación” incorporan capítulos de desarrollo sostenible y transferencia tecnológica, creando marcos más equilibrados que los tratados del siglo XX. Se necesita  una cooperación regional fortalecida. La necesidad de adoptar costosas plataformas digitales ha creado una nueva forma de dependencia. Mientras las multinacionales desarrollan sus propios sistemas, los pequeños exportadores deben pagar licencias caras o quedar excluidos del comercio digitalizado.

En la concentración del valor añadido, aunque algunos países exportan más volúmenes, los países pequeños generalmente capturan menos valor. Los datos lo demuestran. Un ejemplo es el café de Etiopía, que llega a consumidores europeos con márgenes del 400%, mientras que otros productores reciben apenas el 15% del precio final. Lamentablemente, esto también puede suceder en países en desarrollo como Guatemala. Las nuevas normas ambientales y de trazabilidad, aunque bien intencionadas, requieren certificaciones que cuestan hasta el 30% del valor de exportación para pequeños productores, creando barreras de entrada disfrazadas de estándares de calidad. La experiencia centroamericana ilustra esta dualidad. Por un lado, las exportaciones agrícolas han crecido un 25% gracias a plataformas digitales. Por otro, el 80% de los pequeños caficultores no pueden costear los sistemas de trazabilidad exigidos por la UE, relegándolos a mercados secundarios con precios inferiores. La comunidad internacional debe crear mecanismos de financiación específicos para la digitalización de pequeñas empresas exportadoras. Implementar certificaciones escalables según el tamaño del exportador, evitando que las normas se conviertan en barreras excluyentes. Países en desarrollo deberían cooperar para crear sistemas comerciales digitales propios, reduciendo dependencias externas. El comercio mundial 2025 fue un espejo de nuestras contradicciones como civilización global. Hemos construido autopistas digitales que conectan continentes en segundos, pero seguimos sin resolver cómo garantizar que todos puedan subirse al vehículo. La verdadera medida del éxito no será la eficiencia lograda, sino la inclusión garantizada.

La ventana de oportunidad sigue abierta, pero se estrecha rápidamente. El 2026 debe ser el año donde la equidad comercial deje de ser un discurso sagaz para convertirse en arquitectura sistémica. Nuestro reto ya no es conectar mercados, sino conectar oportunidades.

En 2026, el comercio inclusivo debe de ser un tema de “responsabilidad social” y convertirse en imperativo como estratégico. Los sistemas más inclusivos están demostrando ser más resilientes ante crisis globales, más innovadores al incorporar diversidad de perspectivas y más sostenibles al internalizar los costos sociales y ambientales.

ESCRITO POR:

Eduardo Sperisen Yurt

Embajador. Representante permanente de Guatemala ante la OMC. Fue primer presidente y fundador de la Gremial de Exportadores de Productos No Tradicionales y presidente del Grupo de Negociación multilateral del Acuerdo sobre Facilitación del Comercio de la OMC.