Liberal sin neo

Respeto no es lo mismo que celebración

Resume una tensión que muchas sociedades enfrentan.

La controversia en Antigua Guatemala por la marcha promovida por organizaciones LGBTIQ+ reveló una tensión profunda entre derechos individuales, tradiciones comunitarias y límites del espacio público. El conflicto comenzó cuando la organización Orgullo Antigua convocó a una caminata por los derechos LGBTIQ+ para el pasado sábado 20 de junio. El alcalde y el concejo rechazaron por unanimidad la actividad, argumentando la condición de ciudad patrimonial con fuertes tradiciones de Antigua y que ese día coincidía con procesiones religiosas y actividades familiares ya programadas. La municipalidad describió el evento como incompatible con la sensibilidad local. Los organizadores respondieron que la medida era discriminatoria y señalaron que el artículo 33 de la Constitución protege la reunión pacífica sin necesidad de autorización municipal previa. La disputa escaló hasta la Corte de Constitucionalidad, que permitió la manifestación, aunque restringió su acceso al casco histórico. La marcha se llevó a cabo con ruta modificada y presencia policial, entre bloqueos y forcejeos aislados.

Esa libertad protege contra la censura, no crea un deber de adhesión.

El acrónimo LGBTIQ+ agrupa identidades relacionadas con orientación sexual e identidad de género. Su uso se ha expandido como instrumento político de visibilidad, aunque diferentes organizaciones bajo el paraguas de este acrónimo no necesariamente coinciden en valores o en objetivos. La palabra “gay” se refiere a personas con atracción predominante hacia personas del mismo sexo.

Conviene separar dos debates que con frecuencia se mezclan; la realidad de la orientación sexual como fenómeno humano y la dimensión política del activismo contemporáneo. Un estudio publicado en Archives of Sexual Behavior, elaborado por Qazi Rahman y colaboradores (2020), basado en 191 mil personas de 28 naciones, encontró que las tasas de heterosexualidad, bisexualidad y homosexualidad son relativamente estables entre países. Alrededor de 90% de hombres y mujeres se identifican como heterosexuales; 4.9% de los hombres, como homosexuales; 2.1%, en mujeres, y 5.1% de hombres, como bisexuales; 7.2% en mujeres. El estudio no encontró asociación significativa entre orientación sexual y variables como desarrollo económico o individualismo cultural. Suecia y Turquía, países marcadamente distintos en normas culturales de género, muestran tasas similares de orientación no heterosexual.

La controversia en Antigua también se encuadra en la discusión sobre libertad de expresión, que no implica obligación de escuchar, leer o participar. La distinción entre expresar y recibir tiene raíces profundas en la tradición liberal clásica. En On Liberty, J.S. Mill defendía la libertad de expresión argumentando que incluso una opinión equivocada puede obligar a una sociedad a reexaminar críticamente sus convicciones. Esa libertad protege contra la censura, pero no crea un deber de adhesión, aprobación o exposición forzada. Como ha argumentado repetidamente Thomas Sowell, una sociedad libre requiere distinguir entre tolerar la existencia de opiniones o estilos de vida distintos y exigir validación social obligatoria. Surge también una distinción moral relevante: tolerancia e inclusión frente a promoción ética. Una cosa es respetar la dignidad de toda persona y otra es la obligación de adoptar como propia una visión moral sobre sexualidad o familia.

En una sociedad libre, las personas tienen derecho a vivir conforme a sus preferencias, incluyendo su orientación sexual. Pero ese derecho debe entenderse como igualdad ante la ley, no como acceso a trato especial o a alguna adhesión celebratoria.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

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