La buena noticia
Reyes caminantes, luz divina y conciencia humana
San John Newman llamó a la conciencia “vicario de Cristo” como voz divina interior.
Coincidiendo con la solemnidad de Epifanía del Señor mañana, vale retomar algo de la inmensa obra de San John Newman (1801-1890), último doctor de la Iglesia declarado así por Papa León XIV. Es la “victoria de la conciencia”, alma de la renovación eclesial del Vaticano II y alabada en seguida por todos los Papas y muchos filósofos. Antes, claro, vale recordar la enseñanza de San Juan Pablo II, quien aludiendo al no fácil pero animoso caminar de los “reyes magos” —salir de su cultura, de su tierra, de sus comunidades, afrontar peligros, etc.— que los llevó hasta la realidad del Dios hecho carne, en brazos de María y José (Homilía 06.01.1979). Así, el misterio de los reyes caminantes, con todo y que seguían una luz de estrella que a veces se ocultaba, es en el fondo el signo de la búsqueda de la verdad, más como persona que como mera certeza intelectual y conceptual, pero pasando también por allí. Sumamente grave en Sicilia, Italia, S. J.
Newman, allá por el año 1833, se debatía por esa verdad que lo llevó a dejar el anglicanismo y hacerse católico. Ello le expresó en su poema Lead Me, Kind Light (“Guíame, luz amable”), relación clara y razonable con Dios como “luz/persona”. Y es que, cuando se elige algo o a alguien, no siempre lo más fácil o conveniente a nivel social o económico, y ni siquiera “religioso” en cuanto a pertenencia a una iglesia, el valor de esa decisión depende de hasta dónde se ha seguido con verdadero fellowship o “discipulado” la verdad. Se trata de llegar con honestidad a la síntesis comparativa de por qué se cree lo que se cree y enfrentar sin agresiones al “por qué no creo” de los que dicen “no creer en Dios”, pero sí en lo humano y sus logros como valor absoluto. Tal es el drama de la Europa poscristiana y el camino de unas imitadoras América Latina o Asia o África: es cosa de tiempo, y fenómeno que se advierte, como lo indicaba Papa León XIV en las familias, en los jóvenes conquistados por la superficialidad lo sensible e inmediato (28.12.2025).
Es un camino largo, con agonías y renuncias: seguir en fidelidad lo razonable de la Fe en conjunción con lo imperativo de la moral, donde sí se vive la libertad de elegir, debiendo estar esa conciencia bien formada.
Hoy que se habla de victorias o derrotas ideológicas de lo woke o lo “tradicional”, surge de nuevo el imperativo del deber aferrarse a la búsqueda de la Verdad —con mayúscula—, superando clichés de derecha o izquierda, quizás heredados con sus conveniencias, pero incapaces de justificar y orientar el ser y hacer en el tiempo breve de la vida. San J. Newman llamó a la conciencia “vicario de Cristo” como voz divina interior que es ley moral y guía hacia Dios, distinta de la mera opinión; es un imperativo que llama a la verdad, nos juzga y nos obliga a la trascendencia, actuando como un mensajero de Dios que nos conecta con lo supremo, defendiendo la libertad individual frente a la masa y siendo el núcleo de nuestra identidad moral. Ese “vicario de lo divino” deberá urgentemente iluminar y guiar de nuevo a los constructores a los jóvenes, a los constructores de la sociedad pluralista (Documento de Puebla, 1979), políticos, empresarios, etc. en una sociedad corrompida por “no seguir una conciencia honesta”, sino las ya señaladas conveniencias. Imperativo también válido para los predicadores de cualquier credo que hacen de su discurso una fuente de enriquecimiento o adhesión política solapada. Es un camino largo, con agonías y renuncias: seguir en fidelidad lo razonable de la Fe en conjunción con lo imperativo de la moral, donde sí se vive la libertad de elegir, debiendo estar esa conciencia bien formada. Que el Niño que recibe dones como Dios, como Rey y como Hombre ilumine a los guatemaltecos en un año determinante en “elecciones de cortes de postulación, de altos tribunales y fiscalías, etc.” y les evite en lo familiar y social llegar a resultados aparentemente “políticamente correctos”, pero verdaderas derrotas por haber perdido la estrella de la recta conciencia, siempre disponible para quien la busque sin intereses y con espíritu de peregrino de la Verdad.