Godot ha llegado

Rubio en Múnich

El mundo según Rubio, se recompone bajo la tutela de Estados Unidos.

El Holocausto y las bombas atómicas fueron los dos más sobresalientes legados que nos dejó la Segunda Guerra Mundial. El primero, por demostrar cómo nuestras peores pesadillas se pueden hacer realidad debido a la maldad de nuestros líderes, así como lo que la filósofa Hanna Arendt llamó la banalidad del mal que se refiere a cómo personas comunes y corrientes pueden cometer atrocidades no por maldad, sino por la obediencia ciega, falta de pensamiento crítico y sumisión al gobierno. De esto, toda la doctrina del derecho internacional público, las organizaciones internacionales como las Naciones Unidas han funcionado. Estas son la esencia del sistema liberal internacional que ahora es llamada el orden basado en reglas. Las bombas atómicas, que ahora son parte de la capacidad nuclear de un Estado (nueve Estados cuentan con esta capacidad en la actualidad) son una herramienta política y no militar, son lo que en un principio distanció a los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del resto del mundo; la razón por la cual India y Pakistán coexisten en su propia guerra fría y Corea del Norte es de gran importancia a nivel mundial.


En su discurso del 14 de febrero pasado, en la Conferencia anual de Seguridad de Múnich, el Secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, dio una conferencia que también hizo referencia a los cambios mundiales que el mundo enfrenta, tal y como lo hizo el primer ministro de Canadá, James Carney, unas semanas antes en Davos, Suiza, como mencioné en mi columna del pasado domingo. Rubio, si bien parte de la misma raíz que Carney ofrece, particularmente a Europa, una alternativa de un orden mundial que también puede ser de cooperación y también puede contar con espacios multilaterales, pero siempre bajo el mando y la tutela de los EE. UU., pero esta vez sin haber salido victorioso de una guerra, como lo hizo en 1945 con la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial.

Es importante tomar en cuenta que EE. UU., como otras potencias, no tiene amigos ni enemigos, sino intereses.


Rubio presenta un caso en contra de los nuevos “imperios del mal” (en referencia a cómo Ronald Reagan llamó a la Unión Soviética), aunque en esta ocasión se trata de regímenes dictatoriales como Irán y Venezuela, pero siempre apuntando al Partido Comunista Chino. Destacó cómo los nuevos males producidos por estos regímenes deben ser inaceptables, no solo para EE. UU., sino también para sus próximos aliados (en este caso particular, Rubio se refirió a Europa por el contexto): la migración irregular, el narcotráfico, el crimen organizado, el terrorismo y que otros países no aprobados por los EE. UU. cuenten con armas nucleares como Irán. En otras palabras, la agenda de seguridad internacional que se presenta como el máximo valor mundial debe ser definida y gestionada desde la Casa Blanca.


El mundo, según Rubio, se recompone bajo la tutela de EE. UU. Esta es la otra alternativa en la cual Guatemala se ha desenvuelto bien con los acuerdos bilaterales que ha celebrado con EE. UU. (ampliación Puerto Quetzal, Caminos Prioritarios, Ferrovía Puerto Quetzal-Escuintla). Sin embargo, es importante tomar en cuenta que EE. UU., como otras potencias, no tiene amigos ni enemigos, sino intereses. Esto quiere decir que hoy podemos recibir una valiosa cooperación, pero mañana un duro castigo en relación a los cambios de dichos intereses. Es ahí donde la visión de Carney, juega un papel importante bajo una visión de cooperación basada en principios más allá de la búsqueda pragmática de los intereses nacionales.


Si bien Marco Rubio se dirigió a sus pares europeos en la Conferencia de Seguridad de Múnich, la visión que presentó se enmarca en la Estrategia de Seguridad Nacional así como de la Doctrina Trump de mediano y largo plazo la misma aplica al resto del mundo. En esa línea marcha también la propuesta de Carney, quedando así una última visión de orden mundial para discutir la próxima semana. ¡Feliz domingo!

ESCRITO POR:

Roberto Wagner

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UFM. Maestría en Relaciones Internacionales con especialización en Geopolítica (Warwick University, Reino Unido). Exdiplomático, profesor universitario, columnista, consultor y analista político independiente.

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