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Se añora un poco de humanidad

Despierta compasión la situación en Cuba por lucha política sin límites.

La situación en Cuba ha venido deteriorándose conforme avanza la formación de una esfera de influencia por parte de los EUA sobre Latinoamérica. Si durante el gobierno de Barack Obama asomó la esperanza de un entendimiento para una adaptación de Cuba a las nuevas circunstancias del mundo, ahora la situación es crítica.

Por encima de diferencias, se necesita reconocer la indignidad de promover el sufrimiento humano.

Cuba no pudo adecuarse a los cambios geopolíticos. Centralización absoluta de la economía, sin posibilidades de desarrollo industrial autónomo, falta de libertad de mercado desde los individuos hasta la formación de empresas privadas y uso del clientelismo para garantizar la adhesión política, las limitantes que condujeron a una crisis económica creciente.

Se intentó realizar reformas sin éxito. Cuando se decidió dolarizar la economía, surgió una protesta generalizada deseosa de volver a las cuotas, cartilla y asignación administrativa de bienes. En el 2021, se ordenó la desaparición del peso convertible, CUC, volviendo a la moneda única, acompañada de pocas divisas conseguidas por el turismo, ahora desplomado. Las medidas citadas eran una reedición de la Nueva Política Económica practicada en la URSS, a inicios del siglo XX. Se instala un socialismo mercantil a la manera china o de Vietnam; un capitalismo subordinado.

Por ello, la economía tendió a la parálisis, acompañada de una inflación incontrolada. Se suma la falta de producción nacional y el peso de un modelo de vida occidental impracticable. La producción agrícola no pudo sostenerse por la ineficacia de las granjas colectivas. Aparte, apareció la inseguridad en el campo, manifestada por el abigeato y el hurto de los frutos y productos del campo. En lugar de prosperar las explotaciones de campesinos independientes, hubo una decepción generalizada rural por el control de precios y la falta de seguridad en el patrimonio de las explotaciones privadas. Entre 2021 y 2023, el hurto de cosechas y el sacrificio de ganado aumentaron en 360%, lo que significó más de 82 mil delitos. Ni el mercado negro de productos agrícolas funcionó por la inseguridad.

La importación de alimentos se sumó a los energéticos y textiles. Gracias al apoyo de Venezuela, se pudo paliar en algo, la penuria. Sin divisas, sin crédito internacional, sin exportación, se profundizó la crisis. Se confió en un ajuste lento. No obstante, una política pasional con sede en Miami, no permitió ninguna transición para ajustar reclamos internacionales y apertura al sistema de partidos.

El embargo se ha transformado en bloqueo. Se impide el arribo de barcos petroleros. Dado que el servicio eléctrico está constituido en gran parte por termoeléctricas, la falta de combustible provoca apagones nacionales cada vez más dilatados. La alimentación, como se mencionó, confronta problemas, agravados por la falta de transporte hacia las ciudades.

Las luchas políticas no debiesen provocar hambre y penurias masivas. Posiciones de todo o nada no ayudan en la situación cubana. La adaptación al multipartidismo y bajar el clientelismo deben aceptarse por la dirigencia de la isla, pero no imponerse por sufrimiento y el menoscabo de la dignidad masiva de la población. Todo o nada no es negociar; se debe aceptar la gradualidad y, al final, salidas honorables para políticos sin futuro.  Buscar un estallido social, trasladado a represión con muertos, con su contraparte, los ataques violentos contra las fuerzas de seguridad, es indigno de dirigentes democráticos. No se tiene la estatura geopolítica para limitar a las potencias, pero, al menos, nos corresponde ser realistas y conocer los intereses que mueven el mundo.

ESCRITO POR:

Antonio Mosquera Aguilar

Doctor en Dinámica Humana por la Universidad Mariano Gálvez. Asesor jurídico de los refugiados guatemaltecos en México durante el enfrentamiento armado. Profesor de Universidad Regional y Universidad Galileo.