Liberal sin neo

¿Se llegará a conocer la verdad?

Las versiones se fueron multiplicando.

Lo ocurrido en Huité, Zacapa, el domingo 27 de septiembre merece algo más que explicaciones oficiales acomodadas a los acontecimientos que fueron apareciendo después. Ocho personas murieron en una jornada de violencia cuyo origen, autores y propósito siguen sin establecerse con certeza, mientras las versiones de las autoridades, los informes policiales y los testimonios de los vecinos cuentan historias distintas.

Informes policiales y testimonios de los vecinos cuentan historias distintas.

Un informe de la PNC fechado ese mismo día señala que alrededor de las 17.30 ingresaron al municipio cerca de 20 hombres vestidos como comandos, a bordo de tres picops y una camioneta agrícola. Unos diez minutos después, según ese reporte, llegó un convoy de siete vehículos J8 y dos camiones del Ejército, que se dirigió hacia el campo de futbol. Otro informe policial, un día después, señala que el grupo armado seguía a “Haroldito” Lorenzana, supuestamente ubicado en el barrio El Campo. También menciona dos helicópteros, sin identificar quién los operaba.

Las versiones se fueron multiplicando. El Ministerio de Defensa se refirió a una disputa territorial entre organizaciones criminales; situó el primer incidente entre las 17 y las 18 horas, y su propio despliegue entre las 20 y las 21, cuando ya existía un enfrentamiento entre grupos armados. Según este relato, los soldados permanecieron en los accesos para evitar que la situación escalara. Confirmó que los J8 y los dos camiones que aparecen en videos pertenecían al Ejército. Llama la atención la diferencia entre los 10 minutos del informe de la PNC y las dos o tres horas en la declaración del Ministerio de Defensa sobre cuando aparecen unidades del Ejército. La Municipalidad aseguró que no hubo enfrentamiento alguno, sino la intervención de un comando que usó fuerza desmedida. Los familiares culpan al Ejército y a la DEA.

Lo que consta es que el Ministerio Público procesó cuatro escenas, recogió 77 indicios balísticos y contó ocho muertos, todos por arma de fuego, entre ellos una madre y sus dos hijas, que viajaban en un vehículo, un adolescente de 14 años y un hombre que murió días después. Videos de cámaras de seguridad muestran el ataque a ese vehículo y el arribo posterior de un vehículo militar. Vecinos grabaron video de dos helicópteros sobre el área.

Frente a los videos, la evidencia recabada y declaraciones de testigos, la versión oficial fue cediendo paso a paso. El Ministerio de Defensa negó primero toda participación y admitió después que los vehículos eran de la Segunda Brigada de Infantería. El 30 de septiembre, el presidente Bernardo Arévalo reconoció que hubo participación de unidades del Ejército y añadió que la Embajada de Estados Unidos le aseguró que ninguna de sus agencias intervino, pero no dijo quién ordenó el despliegue ni qué hicieron los soldados. Anunció la creación de una comisión multidisciplinaria, que no es tal cosa, ya que la multidisciplina está toda dentro del mismo Ejército. Sin duda, el Ejército debe hacer una investigación interna, pero al ser actor en los hechos, no cuenta como una indagación independiente.

¿Se llegará a conocer la vedad de lo que sucedió en Huité? Hay intereses muy fuertes, al menos proporcionales a la fuerza, violencia y salvajismo que se exhibió en los hechos. Se observa una costumbre: la primera reacción de fuentes oficiales, cuando no saben o no quieren decir qué fue lo que ocurrió, suele ser atribuir la violencia a un altercado entre clicas, maras o carteles, una disputa por territorio o ajustes de cuentas. Es una explicación genérica, vaga que no atribuye responsabilidad específica, no rinde cuentas ni hace justicia.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

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