Catalejo

Tres cuartos de siglo en la ruta periodística

La historia de “Prensa Libre” está relacionada con mi vida personal y periodística.

El nacimiento del periodismo escrito cotidiano, ocurre en la Inglaterra del siglo XVIII, pero tiene antecedentes a veces milenarios o multicentenarios por medio de jeroglíficos escritos por diversas culturas, como los egipcios y mayas. En este país se manifiestan con la relación del terremoto de 1541, por Juan Rodríguez Calvillo y después el 30 de noviembre de 1729 con la Gazeta de Guatemala, de breve vida. Al periodismo se le ha calificado como “historia escrita a la carrera” de la totalidad de acciones humanas, y tiene relación directa con los avances tecnológicos, iniciados con la imprenta del alemán Gutenberg, después con la prensa plana para imprimir hoja por hoja, y luego la rotativa desde el siglo XIX con miles de periódicos impresos a gran velocidad.

El camino del periodista es angosto y recto, con curvas poco pronunciadas pero no inclinadas hacia abajo.

Los periódicos escritos guatemaltecos de más de 50 años son el Diario de Centro América, el más antiguo del istmo, nacido en 1880. El Imparcial, vespertino, de 1922 a 1985, y Prensa Libre, iniciado hoy hace 75 años, el 20 de agosto de 1951. Su característica de los últimos dos es haber sido fundados por periodistas profesionales y a veces también escritores, poetas, historiadores, a cuyo cargo estaba la reportería y opinión. Pedro Julio García, Mario Sandoval Figueroa (Claraboya), Salvador Girón Collier (temas deportivos), Álvaro Contreras Vélez (Cacto) e Isidoro Zarco (Problemas y Soluciones) fueron columnistas, con costo durísimo: la vida de este último y el secuestro de Pedro Julio y Álvaro, cuyas casas fueron dinamitadas, además de la puerta del periódico.

La historia de Prensa Libre está relacionada con mi vida personal y periodística. Nació cuando yo tenía tres años con 232 días, y mi infancia a partir de los ocho años pasó en la 13 calle, la primera casona colonial y luego en el edificio de nueve pisos, donde se mantiene. Llegábamos por la tarde con mi hermanita María Inés, para tomar luego la camioneta de la ruta para irnos a la casa. La relación con los fundadores fue siempre cordial y los admiré por sus conocimientos y cualidades. El 3 de enero de 1966, pocos días después de mi bachillerato, entré por primera vez ya como bisoño reportero.

Con mis colegas hice amistad y la mantengo con los pocos sobrevivientes. Han pasado 60 años y ocho meses, como quien dice nada, y tuve una carrera inicial valiosa e interesante pero dolorosa a causa de la sangrienta y prolongada guerra civil. Los guerrilleros me amenazaron dos veces por escrito. Es increíble cómo ha pasado tanto tiempo y pienso “si Prensa Libre es ahora cinco veces quinceañera, yo lo soy entonces cuatro veces”. Llegué a ser director, luego de escalar puestos en las jefaturas y de haber logrado, para mi orgullo, algunos de los mejores éxitos periodísticos del diario, cuya trayectoria desde su inicio permite agradables recuerdos a quienes los escribieron.

Costo para las familias

La profesión periodística significa un gran costo emocional para las familias, por no tener horas de ingreso ni tampoco horas de salida. Se mantiene así, pero el ingreso de la tecnología electrónica ha facilitado en mucho el uso del tiempo. Es uno de los pocos beneficios reales y por ello facilita la tarea, sobre todo en cuanto a la inmediatez del conocimiento ciudadano de hechos ocurridos a pocos metros o a miles de kilómetros. Hoy en día, el público no tiene posibilidad de saber si lo recibido en redes sociales es cierto, tiene base y respaldo, o si alguien con la peor intención o con una absurda reacción de enviarlas a sus docenas o cientos de seguidores. Cuando no ocurre esto, son instrumentos utilísimos.

Llegué a comprender una verdad incómoda pero real: las viudas, padres, hijos y otros familiares son las verdaderas víctimas del ejercicio periodístico, ya sea equidistante o defensor de determinadas posiciones políticas, sin importar su signo ideológico o partidista. En esos 60 años de vida periodística me tocó ver a demasiados colegas cuya sangre regó las calles, carreteras y caminos de Guatemala ya en su ataúd y rodeados de sus deudos. Me afectaban más las madres y los niños, sin duda los más inocentes de todos. Después me di cuenta de algo más: la memoria ciudadana es corta, y creo imposible escuchar de alguien los nombres de ellos.

Incomprensión y rechazo

El periodista no es alguien con popularidad garantizada, y también le pasa al columnista o a quien decide expresar su opinión. Últimamente se está señalando otra verdad: aunque su autor tiene derecho a expresarlas. “no todas las opiniones son respetables”, pues para serlo requieren del autor conocimiento del tema, o capacidad de pensamientos lógicos y experiencia de vida, pero si no existe, tampoco necesariamente significa tener ideas equivocadas. Las redes sociales, hijas putativas de la tecnología desbocada actual, han agregado un factor nuevo: la confusión de qué es el periodismo realmente, y por eso se debe comprender que no es necesariamente periodismo todo lo expresado por los novísimos medios de comunicación, aunque lo parezca. Este mantiene características y condiciones especiales y únicas en sus niveles de dificultad, escondida en un lenguaje claro y corto.

El ingreso de la tecnología electrónica ha facilitado en mucho el mejor uso del tiempo. Es uno de los pocos beneficios reales y por ello facilita la tarea, sobre todo en cuanto a la inmediatez del conocimiento ciudadano de hechos ocurridos a pocos metros o a miles de kilómetros. El público de hoy no tiene posibilidad de saber si lo recibido en redes sociales es cierto, tiene base y respaldo, o si alguien con la peor intención o como una absurda reacción de enviarlas a sus seguidores, talvez miles. Cuando no ocurre esto, son instrumentos utilísimos. No son intrínsecamente malos, sino se convierten en eso cuando caen en manos de quien ejerce la libertad de expresión de manera irracional y malintencionada.

El futuro del periodismo escrito

Los avances tecnológicos se han caracterizado porque muchos han predicho el fin del periodismo profesional escrito. Así ocurrió con motivo del nacimiento de la radio, la televisión y, ahora, la era digital. Son instrumentos complementarios para llevar información y comunicación al público. Son importantes y los han sido para el periodismo como es entendido y aceptado hoy en día. El periodismo ha utilizado las posibilidades tecnológicas a fin de mantener sus valores básicos y su papel de primer borrador de la Historia, o Historia escrita a la carrera. La tecnología actual dificulta definirlo y con las redes sociales ha provocado confusión entre gruesos sectores poblacionales.

Se tiende a considerar cierto todo lo aparecido en los celulares, sin preguntarse quién es el autor, o por qué no firma, lo cual implica irresponsabilidad. Ya se ha dicho cada vez más. El escritor italiano Humberto Eco señaló una realidad: antes, una tontería o ridiculez dicha en una mesa de cantina solo afectaba a los otros tres comensales. Hoy eso se puede conocer en un segundo en la totalidad del mundo y por eso su efecto es universal. Anteriormente, la tarea periodística era informar, comentar y entretener y sus valores eran claros: buscar un hecho cierto y digno de ser conocido, escribirlo sin parcialidades y también comentarlo con clara identificación real del autor. Esas fronteras se han diluido y desaparecido.

La tarea se realiza por medios distintos de una institución periodística nacida como un periódico escrito y ahora convertido en una fuente de diversas maneras de divulgar hechos, con la posibilidad de incluir la perspectiva personal del autor, quien en el caso de la Ley Constitucional de Emisión del Pensamiento (LCEP) de Guatemala asume la responsabilidad legal de cualquier delito de injuria (insulto), calumnia (mentira) o difamación (publicarla en cualquier vía, periodística o no). La complejidad de la vida humana actual exige explicación y valorización del contenido periodístico como forma de ser útil para quien lee, ve por la televisión o escucha por la radio. La libertad de expresión tiene límites legales y no por ello deja de ser un instrumento valioso, pero debe mantener criterios propios.

Un medio puede decidir entre “publicar algo, a menos que” o “publicar todo sin previa comprobación”, para así ser el primero en hacerlo. En Guatemala, la LCEP incluye el obligatorio derecho de aclaración. En Estados Unidos, por ejemplo, queda a voluntad del medio, quien decide si publica una aclaración o un resumen. La demanda legal sin límite es la forma de defensa y por eso Trump —por ejemplo— demanda por miles de millones de dólares, pues su objetivo es autocensura o cierre. Prensa Libre pertenece a los medios que investigan, comprueban y comparan con varias fuentes antes de publicar. Por ello es mínima la cantidad de errores cometidos en estos 75 años, casi 28 mil días, pero causan una irritación profesional muy grande. Los errores abren ese derecho a quienes son afectados.

El periodismo, en cualquiera de sus manifestaciones, desde siempre ha provocado desagrado e irritación en los gobiernos y círculos políticos, con diversos niveles. Los peores han sido las dictaduras abiertas o tácitas, para quienes solo existe una Verdad: la versión oficial. En la etapa de los gobiernos militares se afianzó la autocensura, por temor a las consecuencias de retar esa actitud. La guerra interna tuvo como característica las amenazas y asesinatos de periodistas, realizados por ambos bandos. Por eso, uno de los éxitos más grandes de la Asamblea Constituyente de 1985 fue otorgar la categoría de Constitucional a la Ley de Emisión del Pensamiento, esfuerzo en el cual participaron abogados, periodistas escritos, radiales y televisados. Se mantiene desde entonces.

Límites de la libertad de emisión del pensamiento

Como toda libertad, la de emitir el pensamiento necesita límites y marcos de acción, pues de lo contrario desembocaría en libertinaje. Esto incluye el derecho del ciudadano de no ser difamado, insultado o víctima de mentiras, las cuales lo son. Los funcionarios públicos no tienen derecho de aclaración, para evitar andanadas cotidianas sobre cualquier noticia según ellos malintencionada, parcializada o mentirosa. En esos casos, los medios pueden publicar una noticia sobre los puntos de vista de ellos, pero no es aclaración. Si es el caso, pueden publicar disculpas, pero si lo señalado en la noticia coincide con la realidad, no hay obligación legal de publicar nada. La publicación de resúmenes de esos textos es una forma válida de actuar por parte del medio.

Hay un caso especial: cuando la noticia o la columna recoge declaraciones falsas de alguien, esto último es verdadero pero lo dicho es mentira, no del medio, sino del declarante. Por ello se señala “según dijo Fulano o escribió tal entidad”. Otra situación es la falta de balance, consistente en dar la versión de solo una de las partes y no la de otra. Se soluciona profesionalmente dándole a esta última una entrevista a fin de expresar su versión. En las columnas de opinión la responsabilidad del contenido es del autor, no del medio, por ser precisamente un medio de difusión. Las normas para los columnistas incluyen abstenerse de insultos, tener temas actuales porque así tienen más interés, evitar el lenguaje rebuscado, pero nadie recibe órdenes de la Redacción.

Una confusión común es afirmar al leer una columna “Prensa Libre criticó” a una persona o un hecho. La voz oficial es el editorial, y por eso solo cuando critica o alaba allí se puede señalar lo dicho como la posición oficial del medio. La caricatura periodística es especial. Llena todos esos requisitos, pero también es independiente y tiene más contundencia porque verla toma pocos segundos y los textos requieren tiempo. Alguna vez escuché a un político decir “prefiero recibir cien editoriales o columnas en vez de una caricatura”. Esta necesita, además, habilidad artística para exagerar o deformar rasgos físicos, y su característica es la sátira, una burla inteligente, ingeniosa.

Anécdotas con políticos

Los políticos son personajes relativamente cercanos a los periodistas profesionales, pero no pueden ser sus amigos cuando están en calidad de tales. El camino del periodista es angosto y recto, con curvas poco pronunciadas pero no inclinadas hacia abajo. Puede existir esa cercanía cuando aún no han comenzado su labor profesional, pero cuando uno de los dos lo hace, es muy difícil mantenerla porque el político no tiene la capacidad de colocarse en una posición equidistante entre lo correcto y lo incorrecto o lo errado.

En algunas satisfacciones participan políticos, al fracasar en sus amenazas. Con motivo del serranazo fui informado de su decisión de censurar a la prensa. Respondí: “Mientras yo sea director, ningún censor entrará a la sala de Redacción”. Llegaron por la noche, nerviosos, y se encontraron con una mesa frente a los elevadores. Luis Morales Chúa me acompañaba. Les dije: “en el momento que pongan sus ojos en los originales de las páginas, ustedes violarán la ley de emisión del pensamiento, y eso es un delito. Los perseguiré mientras viva. Les advierto: son las 8 de la noche y ya no hay tiempo de cambiar las páginas”. Era mentira. Asustados, comenzaron a salir y en ese momento llegaron los camarógrafos de CNN y los siguieron hasta su carro.

Al regresar a la Redacción, los reporteros y jefes se pusieron de pie para aplaudir. Se me humedecieron los ojos. No lo he olvidado y me sigue emocionando. A los dos días, numerosos periodistas de todos los medios salimos a la calle para protestar. Llevábamos el rótulo “Censura, a la basura”, y pasamos frente a la Catedral, en la 6ª avenida. La gente parada en las aceras aplaudía. Numerosos ciudadanos entramos al salón de recepciones del palacio, a escuchar al licenciado Epaminondas González, presidente de la Corte de Constitucionalidad, declarar inconstitucional al gobierno serranista. Algunos días después fue expulsado del país, y al ver a los periodistas gritó “Ustedes son unos hijos de p…” El licenciado González fue asesinado el Viernes Santo de ese año.

Amenazas actuales

Los gobiernos se han llenado de tendencias dictatoriales por medio del encarcelamiento de periodistas, a veces por largo tiempo y gracias al haberse convertido en vulgares esbirros, serviles y violentos para burlar la ley y de la Constitución. Esto ya es plenamente conocido por la mayoría ciudadana. A causa de esto, estos personajes han sido internacionalmente señalados por instituciones jurídicas, políticas, culturales, pero internamente se han logrado escapar gracias a quienes, en vez de respetar y aplicar la ley, la destrozan y con ello eliminan el respeto ciudadano.

Mi futuro periodístico

Es difícil saberlo. A veces uno pierde la esperanza y se siente cansado. Terminará cuando ya no me represente satisfacción, o cuando me retire de la vida.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.