Fundamentos
Tres incógnitas regionales
Es mejor razonar con cabeza fría los acontecimientos que luego se nos presentarán en caliente.
El ser humano siempre ha querido conocer anticipadamente su futuro. Esta curiosidad innata ha dado lugar a prácticas que van desde la pura charlatanería hasta el mero rigor científico, tal y como lo atestiguan los horóscopos o la quiromancia o el ejercicio de ciencias predictivas como es la prospectiva. Esta última, con el ánimo de reducir la incertidumbre de lo que pueda suceder en el futuro en ámbitos como la economía, la política o los asuntos militares, ha aplicado metodología para tratar de dar un mayor nivel de certeza a sus conclusiones.
Los escenarios nos permiten anticipar futuros posibles y, con ello, estar mejor preparados para enfrentarlos.
El arte de elaborar escenarios es precisamente uno de los instrumentos de la prospectiva. Diseñado para evaluar futuros que sean posibles —no necesariamente deseables— es que los escenarios permiten analizar tendencias, actores relevantes, decisiones claves y dinámicas que puedan tener un alto impacto en nuestras vidas y, a partir de allí, construir futuros posibles. Todo ello, con el propósito de poder estar preparados para ellos, dado el caso de que lleguen a ocurrir. Hoy, empresas, academia y organismos públicos recurren cada vez más a la elaboración de escenarios como parte de sus ejercicios de planeación.
En esta misma línea, y pensando en el contexto regional, creo que es oportuno que tomadores de decisiones en nuestro país se aboquen a un ejercicio similar, tomando en cuenta tres variables que nos pueden llegar a afectar y que, aun cuando no es previsible cuándo puedan estos ocurrir, sí está claro que los mismos llegarán a tener un desenlace. Me refiero al caso de Cuba, El Salvador y Belice.
La situación de Cuba es insostenible. Este país ha sido siempre un eje clave en la geopolítica y la economía de la región. El desplome del viejo sistema comunista puede abrir a una serie de cambios que no solo transformen la isla sino el entorno regional. Cuánto y cómo se vería afectado nuestro país, en términos del flujo de turismo, la atracción de inversiones, la competencia con nuestros productos minerales y agrícolas y la atención de Washington es algo que tiene que ser debida y oportunamente razonado.
Por otro lado, El Salvador tiene ahora su momento. Con un modelo de seguridad que ha sido comentado, elogiado y hasta buscado reproducir por otros países, tiene en la sostenibilidad su gran interrogante. Cuánto más es prolongable en el tiempo un estado de excepción y la propia situación judicial de quienes hoy guardan prisión es una de las incertidumbres clave. ¿Por qué es relevante para nuestra situación? Primero por un tema de conversación política local y, segundo, por el impacto que pueda tener sobre los patrones de seguridad acá en el mediano plazo.
Por último, está el tema de Belice. Con el diferendo ya en la antesala de la Corte Internacional, podemos anticipar que el fallo traerá consecuencias de todo tipo. ¿Hay ya una idea del marco de relaciones económicas y políticas que se buscan con Belice después del fallo? Es cierto que depende de lo que allí se resuelva, pero en el tablero no habría que excluir la normalización de las inversiones conjuntas, el impacto sobre turismo del área, el tratamiento compartido de la seguridad regional o el acceso a una diplomacia más efectiva con el Caribe que hoy se nos ha negado como herencia de esta larga disputa.
Dicen que es mejor razonar con cabeza fría los acontecimientos que luego se nos presentarán en caliente. Sabiendo que ellos llegarán a ocurrir, es de sabios hacer un ejercicio de escenarios y, con el mejor interés nacional, plantear a tiempo las acciones que nos permitan reducir riesgos y aprovechar las oportunidades.