catalejo
Un Congreso obstinado para detener al gobierno
Se deben buscar motivos e interpretaciones preparadas y decididas por grupos ciudadanos ajenos a la politiquería.
El ridículo malsano de Sandra Torres, tirana y por ello con poder absoluto en la Unidad Nacional de la Esperanza, ordenó a sus huestes instaladas en el nefasto Congreso de la República, abrumar con citas simultáneas a 14 de los ministros y otros funcionarios, con el evidente propósito de impedir la actividad de Bernardo Arévalo. Independientemente de la opinión personal sobre el actual gobierno, cuyo prestigio sin duda va en decadencia, actuar de esa manera no sólo desprestigia aún más a ese poder del Estado, sino muestra mala fe, pero además anuncia una cuarta participación electoral, tras de un largo lapso de permanecer escondida, preocupada por parecer supuestamente cada vez más joven. Demuestra la necesidad de no participar sin límites.
Independientemente del criterio personal, detener por mala fe al gobierno afianza el subdesarrollo político del país.
Muchos de los 160 diputados se prestan a esto, por su inconsciencia de darse cuenta de los efectos, o mejor dicho algunos no lo hacen. Todo cabe en lo posible: amenazas de la terca participante, pagos bajo la mesa con dinero provenientes de cualquier origen, pero en especial oscuro, tanto interno como foráneo. Los seguidores en su mayoría pertenecen a las clases sociales desposeídas y por ello se ven obligados a recibir regalos, a ser acarreado en cientos de autobuses, algunos recibidos como colaboración y luego con razones para recibir prebendas u otorgar puestos de jugosos ingresos del presupuesto nacional. Esta es una falsa democracia, pero los ciudadanos la consideran como si fuera correctamente realizada y tienden a rechazarla.
Vale la pena aclarar: mencionar esto no implica calificar de aceptable a este gobierno, en general. Son muy sospechosas algunas de las decisiones, de la integración del gabinete y de las jefaturas de numerosas entidades oficiales, muchas de ellas poco conocidas o desconocidas para los ciudadanos comunes y corrientes. Las maniobras para burlar el espíritu y muchas veces hasta la letra de la ley con un descaro cada vez mayor, causante del desprestigio generalizado de la democracia como sistema confiable de gobierno. Esto no es casualidad, porque con ello se obtiene una menor participación en las mesas electorales, imposibilita lograr la mayoría de votos de la mayoría de participantes. Esto es la mayoría de una minoría (si participa el 40%, lograr el 21 no significa fuerza).
La constitución actual, emitida en 1985 y en vigor en 1986, hace 40 años, fue pensada sobre la base de la responsabilidad ciudadana. Hoy necesita cambios, agregados y condiciones nuevas, pero si es el Congreso actual el encargado, sin duda empeorará en vez de mejorar. Los ciudadanos debemos tener claro: se deben buscar motivos e interpretaciones preparadas y decididas por grupos ciudadanos ajenos a la politiquería, representada en muchas formas, pero sobre todo en la proliferación de pseudo partidos. Eso no significa más democracia, sino más posibilidades de corrupción y de maniobras politiqueras. No realizar esos cambios condena al país a estar atrapado por bandas delincuenciales desde el punto de vista legal y también del respeto a la democracia.
Los datos oficiales señalan como “partidos” con mayor cantidad de diputados en el parlamento, a Vamos, con 29: UNE, con 28 y Semilla, con 23. Las cifras de ciudadanos pertenecientes no se conocen oficialmente, pero la lógica permite sospechar de ser menor al mencionado por esas agrupaciones politiqueras. Es indispensable saber cuál será el sistema de conteo de votos, y tener especial cuidado en utilizar al voluntariado de los ciudadanos. Las máquinas no tienen credibilidad y esto debe ser recuperado hasta lograr como fueron en los primeros comicios a partir de 1985. Las maniobras para rechazar los resultados, como se comprobó en Estados Unidos en los últimos dos comicios demuestran la seriedad con la cual se debe tomar la tarea del conteo.