A contraluz

Un elefante blanco sobre la Roosevelt

El Aerometro es un gran negocio para los amigos del alcalde más que una obra para resolver el problema del transporte.

El precario transporte colectivo en la Ciudad de Guatemala es un problema estructural y multidimensional porque afecta la calidad de vida, la economía y la seguridad de los pasajeros. La familia Arzú ha mantenido el poder en la Municipalidad capitalina durante 40 años, lapso en el cual ha sido incapaz de resolverlo, pese a que afecta a la mayoría de la población.

Durante 25 años, los empresarios se quedarán con el 97% de las ganancias y solo le darán el 3% a la Municipalidad.

Alrededor de tres millones de personas ingresan y salen de la capital cada día, desde los municipios dormitorio (Mixco, Villa Nueva, San Miguel Petapa, entre otros). Eso significa que se requieren entre seis y ocho millones de desplazamientos diarios en el perímetro urbano. El trasporte colectivo apenas cubre un tercio de esa demanda.

No solo hay escasez de autobuses, sino que los usuarios se enfrentan a estructuras criminales que los despojan de sus pertenencias y están en peligro constante de muerte violenta. El único sistema que ha funcionado es el Transmetro, pero su capacidad ya es insuficiente en las horas pico.

Lejos de estructurar un proyecto de buses de tránsito rápido o metro, al alcalde Ricardo Quiñónez se le ocurrió construir el aerometro que circularía de Molino de las Flores, Mixco, a la Plaza España, zona 9. En realidad, se trata de un elefante blanco porque es una obra muy cara, con alto costo de mantenimiento y con escasa capacidad para resolver el problema de transporte.

El proyecto tendrá un valor de Q1,216,448,000, o sea más de mil millones de quetzales para una cobertura de apenas 8.9 kilómetros. El proceso de concesión fue totalmente opaco. Como todos los negocios de Muniguate, a dedo escogieron las empresas, las que disfrutarán durante 25 años del 97% de las ganancias, mientras que la comuna apenas percibirá el 3%.

El valor total del aerometro es hasta seis veces mayor que el de una línea de Transmetro que funcionaría muy bien a lo largo de la calzada Roosevelt. Por eso la obra genera muchas dudas. En el fondo pareciera que no interesaba tanto resolver el problema de transporte, sino realizar un gran negocio, lo que ha sido una constante de la familia Arzú.

La gracia del alcalde significará un pasaje caro para los usuarios: entre Q4 y Q6, dependiendo del tramo. El proyecto también significará la tala de más de 700 árboles, o sea, un serio deterioro del medioambiente y de la calidad de vida urbana. ¿Esta obra resolverá el problema? Qué va. El aerometro movilizará a 12 pasajeros por cabina, a una velocidad de 15 km/h. En contraste, el Transmetro lleva a unos 120 pasajeros por unidad articulada, a una velocidad promedio de 50 km/h. Se calcula que este último moviliza a unas 400 mil personas por día.

Obras como el aerometro existen en México, Colombia, Venezuela y Bolivia. La única diferencia es que en esos países funciona para conectar zonas marginadas que tienen problema de transporte, ya sea porque viven en zonas elevadas como cerros, o aisladas por barrancos. Son sistemas de inclusión urbana para resolver problemas de desconexión territorial en las periferias.

A ninguna autoridad municipal de esos países se les hubiera ocurrido colocar un teleférico en medio de una ciudad, porque para las áreas planas existen proyectos de movilidad de mayor capacidad y rapidez. Sería impensable, por ejemplo, que un teleférico circulara en una arteria principal de la Ciudad de México y que para su construcción tuvieran que talar los árboles.

Por eso, más que hacer negocios multimillonarios para beneficiar a sus amigos, las autoridades ediles deberían trabajar en proyectos de movilidad urbana que resuelvan el problema de fondo de los millones de capitalinos que requieren un transporte digno, eficiente y económico.

ESCRITO POR:

Haroldo Shetemul

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Profesor universitario. Escritor. Periodista desde hace más de cuatro décadas.