La antorcha
Un gobierno engañoso
La suscripción de este Acuerdo Recíproco Arancelario con los Estados Unidos, que fue celebrado por las autoridades gubernamentales con abierta euforia de una manera engañosa.
El proceso de negociación comercial entre Estados Unidos y Guatemala, inducido por nuestro principal socio comercial tras la imposición unilateral de una tasa universal del 10% a la cartera de productos exportables de Guatemala hacia ese país, como parte de su política arancelaria de carácter global, concluyó con la firma de un Acuerdo Recíproco Arancelario, que deja a varios sectores económicos vulnerables y en desventaja especialmente con México.
Dejaron al margen de las preferencias arancelarias al sector agrícola no tradicional, de gran impacto en el área rural.
Esta negociación que era altamente prioritaria para Guatemala, como lo ha sido para todos y cada uno de los socios de los Estados Unidos, las máximas autoridades políticas, por la importancia de estas relaciones comerciales, se han involucrado directamente en ciertas y determinadas circunstancias críticas durante los procesos de negociación.
El presidente de los EE. UU., Donald J. Trump, anunciaba con determinación, desde que estaba en campaña electoral, que promovería negociaciones arancelarias recíprocas que alterarían las políticas arancelarias de EE. UU. que por muchos años habían favorecido a los socios comerciales en detrimento de sus intereses, tanto en lo comercial, en el empleo, como en la atracción de inversiones.
Ante el triunfo electoral del presidente Trump, era inevitable que el mundo, la región y especialmente Guatemala estarían más temprano que tarde en un proceso de negociaciones comerciales con Estados Unidos.
En ese contexto, se tuvo la iniciativa de reunirme con la Junta Directiva en pleno de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport) en enero 13 del 2025, unos días antes de la toma de posesión de Donald J. Trump. Es importante destacar que la Agexport es la organización no gubernamental insignia y más relevante que ha promovido con éxito desde su fundación, en 1982, la diversificación de las exportaciones del país, especialmente las del sector agrícola. En esa reunión me permití exponer mis apreciaciones de lo que posiblemente representaría una nueva negociación comercial con Estados Unidos desde que el Tratado de Libre Comercio Cafta-RD (Centroamérica y EE. UU. – República Dominicana) entrara en vigencia en el 2006, y que para ello había que prepararse en diferentes escenarios, sabiendo que la conducción directa de las eventuales negociaciones estarían bajo la responsabilidad del Ministerio de Economía, pero bajo la dirección de la Presidencia de la República.
La suscripción de este Acuerdo Recíproco Arancelario con los Estados Unidos, que fue celebrado por las autoridades gubernamentales con abierta euforia de una manera engañosa, como han hecho en otras actividades gubernamentales, sobre todo en seguridad pública, en materia presupuestal y en salarios mínimos, fruto de la incompetencia y de la improvisación, omitiendo que sectores económicos importantes fueron dejados al margen de las preferencias arancelarias, destacando precisamente el sector agrícola no tradicional, de gran impacto en el área rural.
La Presidencia de la República pudo intervenir en las negociaciones comerciales, conversando directamente con el presidente Trump, pero no lo hizo, para fortalecer en alguna medida la posición nacional. Además de ser un gobierno engañoso, se puso en evidencia nuevamente en esta negociación la ausencia de liderazgo político, de estrategias, de metas y de objetivos claros y definidos, en que se vuelve a socavar o bien a postergar opciones que favorezcan el desarrollo sostenible del país con nuestro principal socio comercial.