Aleph
Un país telúrico
La crueldad, el abandono y el miedo han sido los métodos del mal.
En Guatemala la tierra tiembla y la historia también. Vamos de crisis en crisis, sacudidos por quienes no nos quieren dejar avanzar. Ayer, 4 de febrero de 2026, vivimos otro terremoto, esta vez de índole política, en un contexto de elecciones de segundo grado que están poniendo muy nervioso al Pacto de Corruptos, porque no solo perdieron las elecciones de Junta Directiva del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (Cang), sino también la de los representantes de ese mismo colegio en la postuladora del Tribunal Supremo Electoral (TSE).
Cuando la Cicig desenmascaró al Pacto de Corruptos, la tierra volvió a temblar en Guatemala.
Cuatro lacras, una de la Sala Sexta de lo Contencioso y tres de la Corte de Constitucionalidad (CC), cambiaron las reglas del juego, a medio juego, para impedir que los profesionales de carreras afines adscritas al Cang, votaran en las elecciones de magistrados titular y suplente para la CC, invalidando procedimientos que se llevan a cabo hace más de 40 años y generando más inestabilidad e inseguridad jurídica en este proceso. ¿La razón? La alianza criminal está perdiendo a las instituciones claves del Estado y a sus operadores en ellas. Los tentáculos del Pacto de Corruptos, vía Néster Vásquez, Walter Mazariegos, Estuardo Gálvez y otros pulpos de la corrupción, no están llegando adonde querían, y eso los tiene enojados. Lo raro es que sectores como el Cacif no se hayan pronunciado aún ante semejante aberración jurídica, como sí lo hicieron hace cinco años, cuando apoyaron a Vásquez y pidieron que no hubiera amparos de última hora ni jugadas raras en aquellas elecciones de segundo grado. ¿Si los corruptos cambian las reglas de manera ilegal e ilegítima en esta etapa del proceso y hacen trampa, cuánto más son capaces de hacer durante el proceso de elecciones para fiscal general? ¿No están, con ello, dándole la pauta a una ciudadanía indignada y a otros grupos de profesionales probos para que resistan a estas acciones de manera legítima, basados en la desobediencia civil y la defensa del Estado de derecho?
En su obra Eichmann en Jerusalén, la filósofa Hannah Arendt puso sobre la mesa un concepto que suscitó una gran polémica en 1963: la banalidad del mal. Arendt, quien asistió al juicio del nazi Adolf Eichmann, afirmó que él parecía más una persona común que un monstruo, y encontró en ello algo perturbador: alguien mediocre, sin capacidad de pensar moral o críticamente acerca de lo que hace y que solo obedece normas, sistemas o autoridades sin cuestionarlas, puede hacer mucho mal. Esto sucede, dijo Arendt, cuando la conciencia se apaga y las acciones de los burócratas de servidumbre solo responden a un “era mi deber”, “solo cumplía órdenes”, “Dios me lo ha pedido”, “si no hago esto yo termino en la cárcel”, entre otras. Esta vez, no estoy totalmente de acuerdo con ella.
La gente del Pacto de Corruptos ciertamente carece de moral, o más bien aplica una moral a la carta, pero no por ello son todos banales; muchos son criminales ideológicos que han mantenido a Guatemala en un estado de atraso secular y saben bien lo que hacen. Hay una estrategia, mucho poder concentrado, hay operadores y burócratas a su servicio, todo para preservar un orden que responde a sus intereses. Hay odio, complicidades y mucha crueldad. Si no, no tendríamos un corredor seco donde los niños aún siguen muriendo de desnutrición mientras siguen impunes quienes se han robado el dinero de la salud, la educación, los proyectos de agua potable, las carreteras, el sistema de transporte, entre mucho más.
Hace 50 años, 23 mil personas perdieron la vida en el terremoto del 76. Otros movimientos telúricos llegaron con las masacres, las crisis políticas y una guerra interna que dejó más de 250 mil personas muertas y desaparecidas. Cuando la Cicig desenmascaró al Pacto de Corruptos, la tierra volvió a temblar en Guatemala porque las alianzas mafiosas quedaron desnudas. En el 2023, hubimos de defender el voto ciudadano y en este proceso eleccionario de 2026, estamos viendo de frente a la perversidad. La crueldad, el abandono y el miedo han sido los métodos del mal. Y todo ha sido legal, porque cuando se retuerce la ley y se aceita bien la mano de quienes la aplican, hasta la maldad lo es.