CONSTRASTESLo dijo don Taha
Fue algo tan rapido como lo oí en el televisor que no me quedé con el nombre del señor proponente. De todos modos, su proposición me pareció, y sigue pareciéndome, lo más cuerdo, que yo recuerde, que se haya dicho en estos azarosos días. El viernes vi en la prensa que su nombre es Taha Yasín Ramadam, sin ayunos ni miserias.
Después de haber escuchado la andanada presidencial, y autóctona, de que los medios y sus escribientes son unos ?brutos? por mal entender y desinformar sobre la fecha y el monto de la indemnización ofrecida por el señor presidente a los exmiembros de las Patrullas de Autodefensa Civil, bien se ve hoy quién fue el bruto.
Porque bien a las claras están diciendo los patrulleros que fallaron las yemas presidenciales al prometerles algo que no cumple. Lástima que tomaron en son de guerra las carreteras, propiedad de todo el pueblo, y no vinieron al desvío de la zona catorce que lleva derecho a la mansión presidencial a unos pocos coatazos.
Y si prestos estamos a sufrir calenturas ajenas, que no lo son tanto puesto que muchos resfríos e insomnios padecemos todos, preparémonos a asistir a la ?reestructuración del Ejército?.
Según entendimos, y corremos el peligro de que nos llamen ?brutos?, dicha fase conllevaría la disminución gradual del ejército y de sus gastos.
Pues parece que no es así. Porque, aparte de que la partida castrense es la más gruesa del presupuesto nacional, dícenos ahora doña Edith, tan guapa como siempre, que parte de lo recaudado en la colocación de los eurobonos servirá para dicha reestructuración. Dichosos bonos. Todos quieren mamar de su recaudación.
No es, así, de extrañar que me haya olvidado de lo más cuerdo que yo recuerde haber oído en estos días. Que no procede naturalmente tampoco de don George W. Bush porque éste anda loco viendo cómo remata sentimentalmente la acción iniciada en el Golfo, y mal terminada, por su progenitor, consejero y hada madrina.
Una persona tan seria como don Taha Yasín Ramadán, vicepresidente irakí, ha dicho que se dejen de pamplinas don George y don Sadam y diriman sus desavenencias personales en duelo directo, bajo la batuta de don Kofi, en campo neutral, con las armas de su elección. Me parece fantástico y dos veces cuerdo, si bien recuerdo.
Evitarían el sufrimiento universal. No se encarecería la vida. Y todos felices, podríamos comer hasta más perdices, como en el cuento.
No seamos, empero, sibaritas y refinados en la mesa. ¿Tendrá don George, en otro lugar, aquel simple par de los del desayuno dominical? Pregunto si para batirse él, no para batir a los otros?