CONTRASTES No defraudaron
Nadie defraudó en el gran espectáculo democrático de la elección primaria sustentada por el Partido de Avanzada Nacional, PAN, en el pasado domingo 17 de enero, que ojalá recuerden nuestros nietos como un paso adelante nunca antes visto. El señor Berger salió de ella con el diploma de la primaria bajo el brazo.
Empieza, pues, a cursar la secundaria cuya materia principal debe ser centrada en la unión de todos los panistas, de todos los simpatizantes no afiliados, y de todos los cabreados cuyo voto en la elección global del actual gobierno quedó diluído en un caldo de borrajas que no hay cristiano ni ateo que lo pueda digerir.
No defraudó don Leonel al haber quedado en el segundo lugar. Vaya un chiste, dirán los graciosos, si la pugna era entre sólo dos. Pues sí, pero dos cuyos bagajes, experiencias y fortalezas deberán conformar el todo, único e indivisible, del partido. No más divisiones, asperezas, zancadillas y maniobras chucas.
Ahora todos a una, como en Fuenteovejuna, con la mira puesta en ofrecernos algo, que bien fácil será, de alivio a la situación nacional actual. No vengan a lanzar al aire promesas irrealizables, ni cantos de sirena. Es más, tampoco les hará falta elaborar la lista de los desaguisados de arriba. Los tenemos claros y vivos.
Ambos, don Oscar y don Leonel, han sido y son panificadores de corazón. Ya es un detalle a su favor porque no son tránsfugas de otras agrupaciones políticas, ni advenedizos oportunistas, ni científicos de altos quilates que de pronto caen de las nubes y descubren que el arte de gobernar a humanos es apetecible y sano.
El pan elaborado, o pongámoslo en mayúsculas, y en amarillo, del PAN, necesita de ahora en adelante una porción mayor de levadura que le dé las enzimas suficientes para agrandarse y alimentar las esperanzas de todos. Sin titubeos, sin eurobonos a la expectativa y en cartera, sin crucificar más al ciudadano ya en la calle.
Ya que no defraudaron en la celebración de la designación primaria, salvo algún que otro despiste como el del empadronamiento, y que el primero y el segundo se abrazaron al fin de la contienda, mantengan el horno encendido y a punto para darnos más pan auténtico, el nuestro de cada día, sin miserias ni tribulaciones.
Lamento haberme perdido la lasagna que doña Julia Elsa preparó el domingo para los fiscales electorales de su esposo. Y de qué me lamento si yo no era fiscal.¡Abusivo! Muy fácil es querer comer el pan, o lasagna, con el sudor del de enfrente. A estos deséchenlos, que coman con el sudor de su frente. Como Dios manda.