CONTRASTES A Londres. Por: Conrado Alonso
Los organizadores del con curso Miss Mundo decidieron cambiar la sede del evento, programado el de este año en Nigeria, y llevarlo a Londres.
O sea que cualquier nigeriano con razón puede lamentar que se fueron las bellezas. Nosotros no lo secundaremos porque la mujer y su belleza no están en peligro de extinción.
Disculpen si abusivamente me he permito pensar en nigeriano por haber titulado esta columna con el lamento de sus nativos. Yo estaba pensando que hay que ser deslucido y prepotente para meter cizaña en el centro de Nigeria, donde existe comunidad musulmana -¿dónde no?- cuyo concepto de la mujer es opuesto.
Y para colmar el vaso del disgusto se le ocurre a un escritor decir que ?el profeta Mahoma hubiera aprobado el concurso de belleza?, que incluye el desfile en traje de baño y unas frasecitas de las misses que acaban por insinuar si su belleza no estará reñida con la inteligencia. No forzosamente, pero sí muy de vez en cuando.
Doscientas quince personas muertas en la calle, mil ciento veinticinco mal heridas en los disturbios, y once mil obligadas a abandonar sus hogares a causa de la violencia, es el trágico saldo -que podrá seguir creciendo- de una serie de ineptitudes en la ubicación del concurso en Nigeria, y con el patrocinio de su gobierno.
No merece la belleza tanto sacrificio humano ni tanta irreflexión y macabra estupidez. Pecó con grave dosis de estulticia el que tuvo que recurrir a pensar lo que pudo haber pensado el profeta Mahoma, sabiendo que es totalmente imposible en este momento, y elevándose a la posición de inefable exégeta de su opinión.
Y pecaron igual y excesivamente los que hicieron caso a una opinión sin fundamento que no debió ser ponderada con tanto aplomo. ¿No sabría aquel los humos que se gastan los musulmanes? Es mejor dejarlos tranquilos, respetando sus creencias y costumbres, y a sus talibanas que alguna belleza deben esconder.
A nosotros los cristianos no nos molestan bromas de ese calibre, y es de lamentar. Ya puede inventarse cualquier tarado una última tentación de Cristo, o el cuento desabrido del asesinato, o crimen, o como quieran llamarlo, del padre Amaro. Todos corriendo a la sala del cine a dar nuestro óbolo para su éxito económico.
Tenemos otro sentido del humor, que parece no llevarse bien con la decencia. Celebramos concursos de belleza a cara descubierta -no sólo eso-, y hasta con cara lavada, nos gustan las tangas, los tangos, y los tongos que arman los organizadores de tanto concurso de belleza. Así somos, es parte de nuestra cultura.