CONTRASTESA propósito del 15

CONRADO ALONSO

|

Recuerdo aquel enfervorizado encuentro de don Alfonso Portillo, Presidente de la República por si lo habían olvidado, con ex miembros de las patrullas de autodefensa civil, PAC, en el que, tras una conmovedora efusión de amores hacia ellos, comprometió su palabra para darles el 15 de septiembre una solución a sus demandas.

Fue para mí un encuentro casual, otro de tantos que se suceden por la cadena nacional de radio y televisión, no porque estuviera ni en la comitiva presidencial ni entre el grupo de pidientes. Por cierto, no vi por la cadena los abucheos de que fuera objeto la máxima autoridad al atardecer del 14. Alguna falla debió ocurrir.

Han pasado el 15, el 16 y el 17, sin que se produzca el anuncio ofrecido. Tal silencio incide sobre dos posibilidades: la falta de seriedad y de tacto político del oferente, y el desengaño, frustración y ánimo de revancha, por parte de los desairados. La primera escapa de lo posible, es una cruda y constante realidad día tras día.

Más inminente y peligrosa es la reacción que pueda traer la frustración. Quisiera recordar a los señores ex patrulleros que las carreteras son de todos los que no contamos con un helicóptero para sobrevolar el asfalto, y que ojalá no causen desmanes contra quienes ninguna oferta facilona les hicieron. Uno es el responsable.

Con motivo, igualmente, del patriótico 15 de septiembre leí el comentario ofrecido por Prensa Libre acerca del retorcimiento histórico que se da en las aulas nacionales a los hechos previos a la declaración de independencia. Sabios y versados historiadores insisten en que las motivaciones fueron otras, no las escritas en los textos.

Entonces se pregunta uno: ¿a qué diablos tanto interés, tanta miopía, o tanta genética herencia que ensombrecen y disimulan la verdad? No debe ser achacada a los estudiosos, digo yo, porque una vez al año, más o menos, dicen su verdad. Pero, y los Ministerios de Educación y Cultura ¿no pueden practicar el deporte de la verdad?

Recuerdo -y qué abultado bagaje dan los años- que una de mis hijas me preguntaba, ante la inminencia de un examen escolar, qué habían dejado los españoles tras su paso conquistador por Guatemala. Aseguro a mis lectores que no remarqué la tinta favorable porque, hombre, que dejaron algo positivo es irrefutable.

Una vez oída mi breve exposición de hechos y motivos, me aseguró que si escribía en su examen mi punto de vista, lo perdía. Entonces, le dije, tú tranquila, escribe lo que el profesor quiere leer: que los españoles fueron, no los actuales, unos bárbaros que no dejaron nada, ni el idioma. Y lo ganó. Luego dice que ?la verdad os hará libres?.

ESCRITO POR: