ContrastesAdiós a ‘Santa’

CONRADO ALONSO

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Me partió el alma (¡Jesús, qué expresión tan agnóstica me salió!) leer en Prensa Libre del lunes el desparpajo del que hicieron gala hombres ilustres de nuestro medio para manifestarnos que ellos no creen en ese ?personaje? más, y universalmente, conocido como ?Santa Claus?. Que los niños del orbe no lo sepan.

No me vengan con el cuento de que no creen en él porque bien atareados habrán estado empacando, primero, y desempacando, después, regalos y más regalos que, en su nombre, habrán enviado a quienes, o de quienes favores esperan, así como en sus apuntes señalados estarán quienes no les hicieron llegar sus presentes.

Es más, un nuevo capítulo debe empezar si, como bien plantea algún canal de televisión, ?Santa Claus? es mujer, y nunca ha dicho que no exista. Raro es que no se haya planteado una reivindicación exhaustiva sobre tal extremo. Bueno sería darle su pareja a Papá Noel y que aunen esfuerzos y gastos de desplazamiento.

Si la corte lo permitiera, un medio probatorio podría estar en bajarle el pantalón a ?Santa? y examinar si no nos han dado gato por liebre. Pero, como el señor Presidente de la Corte Suprema ha dicho que no cree en ?Santa?, cualquier medio probatorio sería declarado frívolo e improcedente. Hasta en un juzgado de familia.

El vicepresidente no es tan rotundo, parece que sí cree en ?Santa? pues le pidió ?que tengan una feliz Navidad en todos los hogares guatemaltecos?. Ahora bien, peca de excesiva credulidad al añadir ?en todos sin excepción?, como si ?Santa? fuera capaz de paliar la infelicidad total que viene regalando el actual gobierno.

Salvo que haya visto la sorprendente telemaratón convocada en Madrid por Antena 3 de televisión cuya recaudación vendrá destinada a los niños desnutridos de América Central. Obras son amores y no tanto los buenos deseos. ¿Por qué verán de lejos lo que de cerca no se alcanza a ver? Bienvenido, otra vez, Santa Claus.

Bueno, Santa Claus nos ha dejado, eso sí con una montaña de papeles desgarrados y de moñas rotas. Volverá, quiéranlo o no los incrédulos, el año próximo y por estas mismas fechas reafirmando su existencia, por lo menos en ese otro mundo de las ilusiones y de las esperanzas que, por etéreo, no es menos aceptable.

En el rincón de casa queda el Belén rindiendo honor al misterio más sorprendente que haya cabido en este universo engreído y sabelotodo. En un rincón del alma, entera, debería permanecer grabado por siempre su mensaje de paz a los hombres de buena voluntad. No es alegrón de una noche. De 365 días y noches.

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