CONTRASTES¿Alcahuetes los abuelos?
Lei el pasado viernes 22 de noviembre en las páginas de la ?Buena Vida?, que tanto me gustan, de Prensa Libre la opinión de una culta siquiatra, señorita Alejandra Flores, sobre el abuelo y su corazón.
Creo que la habremos leído miles de abuelos, incluso los jubilados más contentos ahora con el bono navideño obtenido.
Por razones obvias, determinadas por lo apretado de su especialidad, no tocó ni desvió su atención a otras partes del organismo envejecido que, a esas alturas de su vida, suele estar hecho lata, incluídos los dientes o la próstata, en determinados casos. Suficiente es que haya entreabierto las puertas de ese noble órgano.
Aunque, como más tarde resaltaré, también rozó aspectos económicos de escasa consideración y de muy problemática realidad.
Dejo lo bueno para el final, me acojo al desdoblamiento sutil que los abuelos desempeñan en la complementaria realización de los vástagos más tiernos del hogar y, empero, disiento de ella.
¿Por qué disiento? Todo iba bonito, hasta que ví atribuida a los abuelos la carga de la ?alcahuetería?.
Reconozco que es un concepto muy en boga en términos coloquiales y familiares. No sé qué me animó a recurrir, en esta oportunidad, al sagrado recinto del diccionario y hallar en él la aceptación de su acepción popular.
No existe. Alcahuetería es la acción de alcahuetear, y quien así acciona es llamado alcahuete.
Busco entonces qué entiende la Real Academia de la Lengua por alcahuetear, incluídos nuestros reales académicos, y se enciende la hoguera de mi enojo. Dos únicas acepciones da al verbo y ninguna es digna de todo un abuelo.
Alcahuetear es, ni más ni menos, solicitar o inducir a una mujer para trato lascivo con un hombre o, en términos intransitivos, servir de alcahuete, el que media en tales menesteres.
Así que no, doctora, por favor no vuelva a llamar alcahuetes a los abuelos, aunque alguno de ellos pudiera estar distraidillo por esos rumbos.
Estoy, por el contrario, totalmente de acuerdo con usted cuando dice que los abuelos no cuentan con la remuneración correspondiente por el cuidado que llevan a cabo. ¿Esperarla del gobierno central? Ni locos.
El directamente obligado a pagarla sería el yerno, pero estos sí que se hacen los locos a la hora de pagar.
Dejo sembrada esta inquietud en el campo de los derechos del abuelo. Menudo lío se armarán los jueces de familia cuando vean en la solicitud de divorcio la petición de pensión para el abuelo supérstite.
Pero gocen sus vacaciones. Si la escatiman para la esposa e hijos, al abuelo ni un centavo. Pero, nuestro derecho existe.