CONTRASTESAlzo la copa
En vista de que no me retiré de mi espacio en Prensa Libre, sino que me fui a votar el domingo pasado, retomo la obligación de estar con el lector a través de mi contrastada columna. Agradezco la preocupación de quienes preguntaron por qué, a dónde me iba, y si en verdad me iba, que, como ya saben, no fue así.
Por tal motivo, quiero alzar mi copa -desde aquí, en seco, sin chaquetear a nadie- por la medalla de oro que ganó en las elecciones don Oscar Berger, y su alianza, y por la de plata otorgada a don Alvaro Colom. La de bronce ya ni sé quién la obtuvo, pero, de todos modos, brindemos también por él. Y por todos los otros.
Incluso me permito incluir dentro de la copa champanera, de boca ancha y distendida -por lo del brindis, no porque quiera ahogarlos en champán-, a los señores y respetables damas que por decisión de la ciudadanía tomarán asiento en el recinto del Congreso.
Entacúchense porque los veremos en vivo y a todo color. Mi brindis es corto. Lamentablemente podría parecer que, más bien, es una acusación y un reclamo. No es éste, sin embargo, el momento de sentar en el banquillo de los acusados a nadie. Que lo haga el Ministerio Público o la Contraloría, o cualquier otro ente apropiado que tendrá puestas las barbas en remojo.
Para no hacer largo el cuento, que es brindis a pesar de su falsa apariencia, quiero pedir a las autoridades electas que nos devuelvan la credibilidad, robada por la fuerza de las experiencias pasadas o extraviada en alguna aglomeración. Sólo eso, porque con sólo eso ganaremos todos, absolutamente todos.
Si el pueblo ha escogido la mejor calidad de quienes nos van a gobernar, es imperativo que ellos nos demuestren que, esta vez, no ha habido equivocación y que, por sus obras, implementarán la calidad de creíble, y aceptable, en todas sus actuaciones políticas. Largo camino espera, pero el camino se hace caminando.
La credibilidad es sinónimo de honradez. Esta es un paso adelante en el buen manejo de la cosa pública. A continuación, y con ambas dentro de cada cartera ministerial y junto a la nómina salarial de los diputados, todos los problemas y reclamos hechos valer encontrarán su solución. Y con soluciones honradas habrá paz.
Antes, uno perdía la Fe y esperaba tomar la Eureka. Hoy, con tanto asalto y con tanto político de pacotilla, perdimos la otra fe en estos. Dios quiera, con la ayuda inmediata de los elegidos, que recuperemos la primera y que a la segunda, o tercera, podamos gritar: ¡Eureka! Valió la pena este gobierno. Ah, y ¡feliz Año Nuevo!