CONTRASTESClaro que no convence

CONRADO ALONSO

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Quien dijo que ?la guerra es un cosa muy seria como para encomendarla a los generales? podría, o debería, añadir hoy: y mucho menos al señor Bush. Pero, si nadie le hizo caso y los generales preparan desde la retaguardia la estrategia bélica, menos va a conseguir que don George no se meta en camisa de once varas.

No me imagino una camisa de once varas cubriendo a un caballero normal, salvo que le diéramos el nombre de camisón, y resultaría entonces una prenda en total desuso para un caballero idem. Pero como los sueños georgianos de grandeza son ilimitados, le cae el dicho a su medida. Digo, a la medida de sus sueños.

Porque de día no convence a nadie su proposición insistente de que debe actuar militarmente contra Irak por ?la necesidad de hacer que el mundo sea más pacífico?. Desabrido plato de huevos revueltos nos trae el señor Bush al desayuno dominical. Vea usted cómo digerirlos sin que le provoquen desazón, o vasca.

Bueno, no hay que ser tan ingrato porque al menos el señor Tony Blair ha caído en la trampa de su dialéctica y está dispuesto a mantener la eterna luna de miel que enlaza a Inglaterra con el Tío Sam, en las buenas y en las malas, hasta que la muerte los separe. Los otros -Chirac, Putin, Kofi y muchos más- le dan la espalda.

Asegura don George que tiene los medios para el éxito de la acción militar. Quién le creerá si hace menos de un año resultó un fracaso su lucha contra los talibanes; si la ?guerra del Golfo?, que parecía una sinfonía, quedó inconclusa; si tuvieron que salir corriendo de Vietnam; y si don Fidel sigue tan campante remojando sus barbas.

Resulta molesto que falle la memoria del señor más poderoso del mundo. El caudal para sus pretensiones radica en el contingente humano de la tropa movilizado para matar y morir y en el otro civil que volverá a padecer las múltiples consecuencias de una guerra. De una guerra que puede ?abrir las puertas del infierno?.

Acaba de asegurarlo la Liga Arabe y no veo en ese preaviso un globo inocente. También ellos querrán conocer las pruebas que don George asegura tener en su poder sobre el arsenal de armas de destrucción masiva con que cuenta Irak. ¿Por qué no es más explícito y las enumera una tras otra con sus pelos y señales?

No hace falta, por supuesto, que las desmenuce ante mis carísimos lectores y su escribiente. En la ONU y en su Consejo de Seguridad pueden ser oídas y discutidas. Seguramente tampoco ellos están dispuestos a aceptar que una guerra es el medio inevitable para que el mundo sea más pacífico. ¿A quién puede convencer?

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