ContrastesDe centavo en centavo

CONRADO ALONSO

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No podía faltar mi pasajera y ocasional recordación de la bien amada Empresa Eléctrica de Guatemala. Se la merece en estos días y noches, sobre todo, que ella llenará de luz y esplendor haciendo titilar el fulgor y calor de los corazones embobados entre metros de cable, que no siempre es fácil desenredar, y miles de foquitos.

La recuerdo a pesar de que ella no contribuye al ornato capitalino, como debería ser, con un señorial árbol de Navidad saturado de su mejor producto, el mismo que vende constantemente, día y noche, segundo a segundo, sin competencias y sin miramientos, ajena a los vaivenes de las dos famosas torres y a sus efectos.

Es amistosa, generosa y comprensiva. Abre las palancas de su distribución para que no quede rincón alguno sin el brillo de las luces navideñas sobre el más insignificante pinabete o sobre las ramas plásticas ?maid in China?. Y alienta que cunda la luz, el color y el calor, entre calles y avenidas, de una esquina a otra. Sin miserias.

Parte esencial de la Navidad es, sin lugar a dudas, la luz desperdigada a través de unos pocos o de unos cientos de diminutos focos. Para nosotros, actuales sobrevivientes. El tamal, el pavo y el turrón, entre otros, son anteriores. Nada digamos del eje principal de tanta celebración que data tan sólo de hace 2001 años. Más o menos.

No creo que la quiebra de la Enron y sus barcazas nos traiga temores y sobresaltos. Por lo menos, a quienes no participamos de sus dividendos y regalías. Nuestra sabia Empresa Eléctrica sabrá capear el temporal y habrá de estar lista a seguir proporcionándonos el beneficio incalculable de su fluidez al costo que sea.

Para eso estamos los consumidores, para coadyuvar en la ingente tarea de tener un ente monopolizador y excluyente que nos provea de luz, apoyado en el buen hacer de las generadoras y coadyuvado por una Comisión Nacional de Energía que, parece, no parece enterada de los bajos precios internacionales del combustible.

Por mayo del año pasado pagué Q1,684.90. Ahora debo pagar Q2,696.l5. Lo curioso del caso -y suprimiré lo amargo- es que la factura me dice que debo un centavo del mes anterior a pesar de haber extendido el cheque por la cantidad exacta requerida. ¿No es para admirar tamaña acuciosidad de los lectores del contador?

Revise usted, carisísimo (a como se está poniendo la vida, y la muerte) lector, su factura. Y ríase, si le han añadido un centavo. No hay otro remedio. Bueno, nos queda la alternativa del desayuno dominical.

Póngale huevos, así como ellos se los ponen a la meticulosidad de inventarse de la nada un centavo. ¡Tan meticulosos que son!.

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