CONTRASTESDebo irme
Hay momentos en esta vida en que una sana decisión, tomada con prudencia y discernimiento, debe ser llevada a cabo. Seguramente lo mismo ocurre en la otra porque, si eternidad es una perpetuidad de vida sin principio ni final, calcule usted, carísimo lector, de cuántos momentos decisivos dispondremos.
Pero no nos vayamos a la otra, todavía; quedémonos en la presente vida que pronto recordará que ha pasado otro año, según el calendario gregoriano, y según cualquier otro, de los muchos que nos ilustran que todo pasa, aunque no coincidan en fechas. Lo habríamos pasado mejor sin calendarios ni relojes.
De todos modos, son la mente y la materia corporal de nuestro organismo físico los irrefutables indicadores de que unas agujas invisibles han seguido corriendo, y corroyendo, por la esfera -también los hay muy cuadrados- de nuestra existencia. Ellas no se equivocan, y tampoco exigen estar dándoles cuerda.
Claro que, dentro de la modernidad imperante, hay que sucumbir ante la oferta propagandística y ver cómo conseguimos un almanaque con chicas al semidesnudo, las de Nuestro Diario o la de Telgua, por ejemplo, que distraigan la febril ocupación de ver pasar los días y que enciendan otras calenturas momentáneas.
Pues bien, después de tantas vueltas por el túnel del tiempo, debo comunicar a mis lectores -a quienes no me leen nada les importa- que ha llegado mi momento para una salida honorable. No me lloren, por favor, ni mucho menos manden flores. A lo más, uno que otro correo electrónico por tener quien me escriba.
Han sido largos once años de escribir dos columnas semanales, unas sin y otras, las menos, con huevos dominicales de por medio.
Unos, de mis variados y encantadores lectores, recibirán con alegría la noticia porque ya estaban ahítos de tanto parchear y tanto pito y se sentían desilusionados ante su falta de huevos.
Otros, los más, según la última encuesta elaborada por mi voz que también es latina, sentirán apasionados y tiernos escalofríos porque no volverán a gozar de mi agradable compañía en los amaneceres dominicales. No temáis, siempre estaré con todos vosotros en las duras y en las maduras, que son las que menos duran.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. No queda tiempo ni espacio para más despedidas. Debo irme ahora mismo, pero a votar, que es la mayor urgencia. De lo otro, nada de nada. Suficiente inocentada nos dieron quienes decidieron esta fecha para escoger presidente. Pase usted un muy inocente día.